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Lucas
Capítulo 1
1
Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de
las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,
2 tal como nos
lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y
fueron ministros de la palabra,
3 me ha parecido
también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las
cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo
Teófilo,
4 para que
conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido
instruido.
5 Hubo en los
días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la
clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba
Elisabet.
6 Ambos eran
justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los
mandamientos y ordenanzas del Señor.
7 Pero no tenían
hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.
8 Aconteció que
ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de
su clase,
9 conforme a la
costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso,
entrando en el santuario del Señor.
10 Y toda la
multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.
11 Y se le
apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del
incienso.
12 Y se turbó
Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.
13 Pero el ángel
le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu
mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.
14 Y tendrás
gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;
15 porque será
grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del
Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.
16 Y hará que
muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.
17 E irá delante
de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los
corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la
prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien
dispuesto.
18 Dijo Zacarías
al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es
de edad avanzada.
19 Respondiendo
el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he
sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas.
20 Y ahora
quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga,
por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su
tiempo.
21 Y el pueblo
estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en
el santuario.
22 Pero cuando
salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión
en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo.
23 Y cumplidos
los días de su ministerio, se fue a su casa.
24 Después de
aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por
cinco meses, diciendo:
25 Así ha hecho
conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre
los hombres.
26 Al sexto mes
el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret,
27 a una virgen
desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y
el nombre de la virgen era María.
28 Y entrando el
ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor
es contigo; bendita tú entre las mujeres.
29 Mas ella,
cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación
sería esta.
30 Entonces el
ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de
Dios.
31 Y ahora,
concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su
nombre JESÚS.
32 Este será
grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el
trono de David su padre;
33 y reinará
sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
34 Entonces
María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.
35 Respondiendo
el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser
que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
36 Y he aquí tu
parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y
este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;
37 porque nada
hay imposible para Dios.
38 Entonces
María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a
tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
39 En aquellos
días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de
Judá;
40 y entró en
casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.
41 Y aconteció
que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en
su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,
42 y exclamó a
gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto
de tu vientre.
43 ¿Por qué se
me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?
44 Porque tan
pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura
saltó de alegría en mi vientre.
45 Y
bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho
de parte del Señor.
46 Entonces
María dijo: Engrandece mi alma al Señor;
47 Y mi espíritu
se regocija en Dios mi Salvador.
48 Porque ha
mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán
bienaventurada todas las generaciones.
49 Porque me ha
hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre,
50 Y su
misericordia es de generación en generación A los que le temen.
51 Hizo proezas
con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus
corazones.
52 Quitó de los
tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes.
53 A los
hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos.
54 Socorrió a
Israel su siervo, Acordándose de la misericordia
55 De la cual
habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para
siempre.
56 Y se quedó
María con ella como tres meses; después se volvió a su casa.
57 Cuando a
Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un
hijo.
58 Y cuando
oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para
con ella su misericordia, se regocijaron con ella.
59 Aconteció que
al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con
el nombre de su padre, Zacarías;
60 pero
respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan.
61 Le dijeron:
¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre.
62 Entonces
preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.
63 Y pidiendo
una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se
maravillaron.
64 Al momento
fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.
65 Y se llenaron
de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se
divulgaron todas estas cosas.
66 Y todos los
que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues,
será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.
67 Y Zacarías su
padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
68 Bendito el
Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo,
69 Y nos levantó
un poderoso Salvador En la casa de David su siervo,
70 Como habló
por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;
71 Salvación de
nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72 Para hacer
misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto;
73 Del juramento
que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder
74 Que, librados
de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos
75 En santidad y
en justicia delante de él, todos nuestros días.
76 Y tú, niño,
profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la
presencia del Señor, para preparar sus caminos;
77 Para dar
conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados,
78 Por la
entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo
alto la aurora,
79 Para dar luz
a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar
nuestros pies por camino de paz.
80 Y el niño
crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos
hasta el día de su manifestación a Israel.
Lucas
Capítulo 2
1
Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de
Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.
2 Este primer
censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.
3 E iban todos
para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
4 Y José subió
de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David,
que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;
5 para ser
empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba
encinta.
6 Y aconteció
que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
7 Y dio a luz a
su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un
pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
8 Había pastores
en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche
sobre su rebaño.
9 Y he aquí, se
les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de
resplandor; y tuvieron gran temor.
10 Pero el ángel
les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que
será para todo el pueblo:
11 que os ha
nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el
Señor.
12 Esto os
servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en
un pesebre.
13 Y
repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes
celestiales, que alababan a Dios, y decían:
14 ¡Gloria a
Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los
hombres!
15 Sucedió que
cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se
dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que
ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.
16 Vinieron,
pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño
acostado en el pesebre.
17 Y al verlo,
dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.
18 Y todos los
que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
19 Pero María
guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
20 Y volvieron
los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que
habían oído y visto, como se les había dicho.
21 Cumplidos los
ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el
cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.
22 Y cuando se
cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley
de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor
23 (como está
escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será
llamado santo al Señor),
24 y para
ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de
tórtolas, o dos palominos.
25 Y he aquí
había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y
piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo
estaba sobre él.
26 Y le había
sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes
que viese al Ungido del Señor.
27 Y movido por
el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo
trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,
28 él le tomó en
sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
29 Ahora, Señor,
despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra;
30 Porque han
visto mis ojos tu salvación,
31 La cual has
preparado en presencia de todos los pueblos;
32 Luz para
revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.
33 Y José y su
madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él.
34 Y los bendijo
Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para
caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que
será contradicha
35 (y una espada
traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos
de muchos corazones.
36 Estaba
también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de
edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde
su virginidad,
37 y era viuda
hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo
de noche y de día con ayunos y oraciones.
38 Esta,
presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del
niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
39 Después de
haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron
a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40 Y el niño
crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de
Dios era sobre él.
41 Iban sus
padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua;
42 y cuando tuvo
doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la
fiesta.
43 Al regresar
ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin
que lo supiesen José y su madre.
44 Y pensando
que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le
buscaban entre los parientes y los conocidos;
45 pero como no
le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole.
46 Y aconteció
que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de
los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles.
47 Y todos los
que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
48 Cuando le
vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has
hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.
49 Entonces él
les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de
mi Padre me es necesario estar?
50 Mas ellos no
entendieron las palabras que les habló.
51 Y descendió
con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre
guardaba todas estas cosas en su corazón.
52 Y Jesús
crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los
hombres.
Lucas
Capítulo 3
1
En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo
gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y
su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite,
y Lisanias tetrarca de Abilinia,
2 y siendo sumos
sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de
Zacarías, en el desierto.
3 Y él fue por
toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del
arrepentimiento para perdón de pecados,
4 como está
escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice:
Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
5 Todo valle se
rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos
serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;
6 Y verá toda
carne la salvación de Dios.
7 Y decía a las
multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de
víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
8 Haced, pues,
frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de
vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que
Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
9 Y ya también
el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol
que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.
10 Y la gente le
preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos?
11 Y
respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no
tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
12 Vinieron
también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro,
¿qué haremos?
13 Él les dijo:
No exijáis más de lo que os está ordenado.
14 También le
preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les
dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con
vuestro salario.
15 Como el
pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones
si acaso Juan sería el Cristo,
16 respondió
Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero
viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la
correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
17 Su aventador
está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su
granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
18 Con estas y
otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo.
19 Entonces
Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías,
mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes
había hecho,
20 sobre todas
ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.
21 Aconteció que
cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y
orando, el cielo se abrió,
22 y descendió
el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino
una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo
complacencia.
23 Jesús mismo
al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se
creía, de José, hijo de Elí,
24 hijo de
Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José,
25 hijo de
Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai,
26 hijo de Maat,
hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá,
27 hijo de
Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de
Neri,
28 hijo de
Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er,
29 hijo de
Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat,
30 hijo de Leví,
hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de
Eliaquim,
31 hijo de
Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán,
32 hijo de
David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón,
hijo de Naasón,
33 hijo de
Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,
34 hijo de
Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor,
35 hijo de
Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala,
36 hijo de
Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec,
37 hijo de
Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de
Cainán,
38 hijo de Enós,
hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.
Lucas
Capítulo 4
1
Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado
por el Espíritu al desierto
2 por cuarenta
días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días,
pasados los cuales, tuvo hambre.
3 Entonces el
diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se
convierta en pan.
4 Jesús,
respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra de Dios.
5 Y le llevó el
diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos
de la tierra.
6 Y le dijo el
diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos;
porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.
7 Si tú postrado
me adorares, todos serán tuyos.
8 Respondiendo
Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor
tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
9 Y le llevó a
Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si
eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;
10 porque
escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;
11 y, En las
manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.
12 Respondiendo
Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
13 Y cuando el
diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.
14 Y Jesús
volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por
toda la tierra de alrededor.
15 Y enseñaba en
las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.
16 Vino a
Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la
sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.
17 Y se le dio
el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el
lugar donde estaba escrito:
18 El Espíritu
del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de
corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A
poner en libertad a los oprimidos;
19 A predicar el
año agradable del Señor.
20 Y enrollando
el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la
sinagoga estaban fijos en él.
21 Y comenzó a
decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.
22 Y todos daban
buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de
gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
23 Él les dijo:
Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas
cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí
en tu tierra.
24 Y añadió: De
cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra.
25 Y en verdad
os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías,
cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una
gran hambre en toda la tierra;
26 pero a
ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en
Sarepta de Sidón.
27 Y muchos
leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno
de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.
28 Al oír estas
cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira;
29 y
levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la
cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos,
para despeñarle.
30 Mas él pasó
por en medio de ellos, y se fue.
31 Descendió
Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de
reposo.
32 Y se
admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.
33 Estaba en la
sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual
exclamó a gran voz,
34 diciendo:
Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para
destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
35 Y Jesús le
reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio,
derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño
alguno.
36 Y estaban
todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra
es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y
salen?
37 Y su fama se
difundía por todos los lugares de los contornos.
38 Entonces
Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón.
La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella.
39 E
inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó,
y levantándose ella al instante, les servía.
40 Al ponerse el
sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los
traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los
sanaba.
41 También
salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo
de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían
que él era el Cristo.
42 Cuando ya era
de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y
llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos.
43 Pero él les
dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio
del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.
44 Y predicaba
en las sinagogas de Galilea.
Lucas
Capítulo 5
1
Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se
agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
2 Y vio dos
barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores,
habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
3 Y entrando en
una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la
apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a
la multitud.
4 Cuando terminó
de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes
para pescar.
5 Respondiendo
Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y
nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
6 Y habiéndolo
hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
7 Entonces
hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para
que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de
tal manera que se hundían.
8 Viendo esto
Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí,
Señor, porque soy hombre pecador.
9 Porque por la
pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de
todos los que estaban con él,
10 y asimismo de
Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero
Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
11 Y cuando
trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
12 Sucedió que
estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de
lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y
le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
13 Entonces,
extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al
instante la lepra se fue de él.
14 Y él le mandó
que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote,
y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a
ellos.
15 Pero su fama
se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para
que les sanase de sus enfermedades.
16 Mas él se
apartaba a lugares desiertos, y oraba.
17 Aconteció un
día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y
doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de
Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él
para sanar.
18 Y sucedió que
unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba
paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él.
19 Pero no
hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la
casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio,
delante de Jesús.
20 Al ver él la
fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.
21 Entonces los
escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es
éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo
Dios?
22 Jesús
entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les
dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones?
23 ¿Qué es más
fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y
anda?
24 Pues para que
sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para
perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma
tu lecho, y vete a tu casa.
25 Al instante,
levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba
acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.
26 Y todos,
sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor,
decían: Hoy hemos visto maravillas.
27 Después de
estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al
banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
28 Y dejándolo
todo, se levantó y le siguió.
29 Y Leví le
hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos
y de otros que estaban a la mesa con ellos.
30 Y los
escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo:
¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?
31 Respondiendo
Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico,
sino los enfermos.
32 No he venido
a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
33 Entonces
ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas
veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los
tuyos comen y beben?
34 Él les dijo:
¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto
que el esposo está con ellos?
35 Mas vendrán
días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días
ayunarán.
36 Les dijo
también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo
pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el
nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.
37 Y nadie echa
vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá
los odres y se derramará, y los odres se perderán.
38 Mas el vino
nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se
conservan.
39 Y ninguno que
beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es
mejor.
Lucas
Capítulo 6
1
Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados,
sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las
manos.
2 Y algunos de
los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer
en los días de reposo?
3 Respondiendo
Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando
tuvo hambre él, y los que con él estaban;
4 cómo entró en
la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales
no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio
también a los que estaban con él?
5 Y les decía:
El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.
6 Aconteció
también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y
enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha.
7 Y le acechaban
los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo
sanaría, a fin de hallar de qué acusarle.
8 Mas él conocía
los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca:
Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie.
9 Entonces Jesús
les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer
bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla?
10 Y mirándolos
a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo
así, y su mano fue restaurada.
11 Y ellos se
llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra
Jesús.
12 En aquellos
días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
13 Y cuando era
de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los
cuales también llamó apóstoles:
14 a Simón, a
quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan,
Felipe y Bartolomé,
15 Mateo, Tomás,
Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote,
16 Judas hermano
de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
17 Y descendió
con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus
discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de
Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para
oírle, y para ser sanados de sus enfermedades;
18 y los que
habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.
19 Y toda la
gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.
20 Y alzando los
ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los
pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
21
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
22
Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os
aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo,
por causa del Hijo del Hombre.
23 Gozaos en
aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en
los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.
24 Mas ¡ay de
vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.
25 ¡Ay de
vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay
de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
26 ¡Ay de
vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque
así hacían sus padres con los falsos profetas.
27 Pero a
vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien
a los que os aborrecen;
28 bendecid a
los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
29 Al que te
hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite
la capa, ni aun la túnica le niegues.
30 A cualquiera
que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo
devuelva.
31 Y como
queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced
vosotros con ellos.
32 Porque si
amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los
pecadores aman a los que los aman.
33 Y si hacéis
bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los
pecadores hacen lo mismo.
34 Y si prestáis
a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque
también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro
tanto.
35 Amad, pues, a
vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello
nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo;
porque él es benigno para con los ingratos y malos.
36 Sed, pues,
misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
37 No juzguéis,
y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados;
perdonad, y seréis perdonados.
38 Dad, y se os
dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro
regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a
medir.
39 Y les decía
una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán
ambos en el hoyo?
40 El discípulo
no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado,
será como su maestro.
41 ¿Por qué
miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la
viga que está en tu propio ojo?
42 ¿O cómo
puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en
tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita,
saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para
sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
43 No es buen
árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto.
44 Porque cada
árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los
espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.
45 El hombre
bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre
malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la
abundancia del corazón habla la boca.
46 ¿Por qué me
llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
47 Todo aquel
que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién
es semejante.
48 Semejante es
al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el
fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio
con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba
fundada sobre la roca.
49 Mas el que
oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre
tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y
luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.
Lucas
Capítulo 7
1
Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía,
entró en Capernaum.
2 Y el siervo de
un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de
morir.
3 Cuando el
centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos,
rogándole que viniese y sanase a su siervo.
4 Y ellos
vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de
que le concedas esto;
5 porque ama a
nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.
6 Y Jesús fue
con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión
envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no
soy digno de que entres bajo mi techo;
7 por lo que ni
aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo
será sano.
8 Porque también
yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis
órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi
siervo: Haz esto, y lo hace.
9 Al oír esto,
Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le
seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
10 Y al regresar
a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que
había estado enfermo.
11 Aconteció
después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él
muchos de sus discípulos, y una gran multitud.
12 Cuando llegó
cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a
un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con
ella mucha gente de la ciudad.
13 Y cuando el
Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.
14 Y
acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y
dijo: Joven, a ti te digo, levántate.
15 Entonces se
incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su
madre.
16 Y todos
tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se
ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.
17 Y se extendió
la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.
18 Los
discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y
llamó Juan a dos de sus discípulos,
19 y los envió a
Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o
esperaremos a otro?
20 Cuando, pues,
los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado
a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o
esperaremos a otro?
21 En esa misma
hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y
a muchos ciegos les dio la vista.
22 Y
respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis
visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son
limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los
pobres es anunciado el evangelio;
23 y
bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.
24 Cuando se
fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente:
¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
25 Mas ¿qué
salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He
aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los
palacios de los reyes están.
26 Mas ¿qué
salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
27 Este es de
quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.
28 Os digo que
entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el
Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.
29 Y todo el
pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios,
bautizándose con el bautismo de Juan.
30 Mas los
fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de
Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.
31 Y dijo el
Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a
qué son semejantes?
32 Semejantes
son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros
y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no
llorasteis.
33 Porque vino
Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio
tiene.
34 Vino el Hijo
del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y
bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
35 Mas la
sabiduría es justificada por todos sus hijos.
36 Uno de los
fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa
del fariseo, se sentó a la mesa.
37 Entonces una
mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la
mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
38 y estando
detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus
pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los
ungía con el perfume.
39 Cuando vio
esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera
profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que
es pecadora.
40 Entonces
respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él
le dijo: Di, Maestro.
41 Un acreedor
tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro
cincuenta;
42 y no teniendo
ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le
amará más?
43 Respondiendo
Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo:
Rectamente has juzgado.
44 Y vuelto a la
mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me
diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas,
y los ha enjugado con sus cabellos.
45 No me diste
beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46 No ungiste mi
cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
47 Por lo cual
te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho;
mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
48 Y a ella le
dijo: Tus pecados te son perdonados.
49 Y los que
estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí:
¿Quién es éste, que también perdona pecados?
50 Pero él dijo
a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
Lucas
Capítulo 8
1
Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas,
predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce
con él,
2 y algunas
mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de
enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían
salido siete demonios,
3 Juana, mujer
de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le
servían de sus bienes.
4 Juntándose una
gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por
parábola:
5 El sembrador
salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó
junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron.
6 Otra parte
cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
7 Otra parte
cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella,
la ahogaron.
8 Y otra parte
cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno.
Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír,
oiga.
9 Y sus
discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
10 Y él dijo: A
vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a
los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no
entiendan.
11 Esta es,
pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.
12 Y los de
junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de
su corazón la palabra, para que no crean y se salven.
13 Los de sobre
la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo;
pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo
de la prueba se apartan.
14 La que cayó
entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados
por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan
fruto.
15 Mas la que
cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto
retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.
16 Nadie que
enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la
cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean
la luz.
17 Porque nada
hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no
haya de ser conocido, y de salir a luz.
18 Mirad, pues,
cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no
tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.
19 Entonces su
madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él
por causa de la multitud.
20 Y se le
avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren
verte.
21 Él entonces
respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la
palabra de Dios, y la hacen.
22 Aconteció un
día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos
al otro lado del lago. Y partieron.
23 Pero mientras
navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en
el lago; y se anegaban y peligraban.
24 Y vinieron a
él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos!
Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se
hizo bonanza.
25 Y les dijo:
¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían
unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas
manda, y le obedecen?
26 Y arribaron a
la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea.
27 Al llegar él
a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado
desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino
en los sepulcros.
28 Este, al ver
a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a
gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te
ruego que no me atormentes.
29 (Porque
mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho
tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y
grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a
los desiertos.)
30 Y le preguntó
Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos
demonios habían entrado en él.
31 Y le rogaban
que no los mandase ir al abismo.
32 Había allí un
hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los
dejase entrar en ellos; y les dio permiso.
33 Y los
demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se
precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.
34 Y los que
apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido,
huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos.
35 Y salieron a
ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre
de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús,
vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.
36 Y los que lo
habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.
37 Entonces toda
la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se
marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la
barca, se volvió.
38 Y el hombre
de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar
con él; pero Jesús le despidió, diciendo:
39 Vuélvete a tu
casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se
fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho
Jesús con él.
40 Cuando volvió
Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban.
41 Entonces vino
un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y
postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;
42 porque tenía
una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. Y
mientras iba, la multitud le oprimía.
43 Pero una
mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que
había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había
podido ser curada,
44 se le acercó
por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el
flujo de su sangre.
45 Entonces
Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo
Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y
oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Pero Jesús
dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido
poder de mí.
47 Entonces,
cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y
postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué
causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.
48 Y él le dijo:
Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estaba
hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a
decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.
50 Oyéndolo
Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva.
51 Entrando en
la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a
Juan, y al padre y a la madre de la niña.
52 Y lloraban
todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no
está muerta, sino que duerme.
53 Y se burlaban
de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Mas él,
tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate.
55 Entonces su
espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le
diese de comer.
56 Y sus padres
estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que
había sucedido.
Lucas
Capítulo 9
1
Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad
sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
2 Y los envió a
predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.
3 Y les dijo: No
toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni
dinero; ni llevéis dos túnicas.
4 Y en cualquier
casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid.
5 Y dondequiera
que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de
vuestros pies en testimonio contra ellos.
6 Y saliendo,
pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por
todas partes.
7 Herodes el
tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo,
porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
8 otros: Elías
ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
9 Y dijo
Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de
quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
10 Vueltos los
apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se
retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida.
11 Y cuando la
gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino
de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados.
12 Pero el día
comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a
la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se
alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar
desierto.
13 Él les dijo:
Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco
panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar
alimentos para toda esta multitud.
14 Y eran como
cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar
en grupos, de cincuenta en cincuenta.
15 Así lo
hicieron, haciéndolos sentar a todos.
16 Y tomando los
cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los
bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen
delante de la gente.
17 Y comieron
todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de
pedazos.
18 Aconteció que
mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les
preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo?
19 Ellos
respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que
algún profeta de los antiguos ha resucitado.
20 Él les dijo:
¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo:
El Cristo de Dios.
21 Pero él les
mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente,
22 y diciendo:
Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea
desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los
escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
23 Y decía a
todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz cada día, y sígame.
24 Porque todo
el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su
vida por causa de mí, éste la salvará.
25 Pues ¿qué
aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se
pierde a sí mismo?
26 Porque el que
se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el
Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de
los santos ángeles.
27 Pero os digo
en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la
muerte hasta que vean el reino de Dios.
28 Aconteció
como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y
a Jacobo, y subió al monte a orar.
29 Y entre tanto
que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido
blanco y resplandeciente.
30 Y he aquí dos
varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
31 quienes
aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba
Jesús a cumplir en Jerusalén.
32 Y Pedro y los
que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo
despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que
estaban con él.
33 Y sucedió que
apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para
nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti,
una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía.
34 Mientras él
decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar
en la nube.
35 Y vino una
voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
36 Y cuando cesó
la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos
días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.
37 Al día
siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les
salió al encuentro.
38 Y he aquí, un
hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a
mi hijo, pues es el único que tengo;
39 y sucede que
un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con
violencia, y le hace echar espuma, y estropeándole, a duras penas se
aparta de él.
40 Y rogué a tus
discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41 Respondiendo
Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he
de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá a tu hijo.
42 Y mientras se
acercaba el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con
violencia; pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al
muchacho, y se lo devolvió a su padre.
43 Y todos se
admiraban de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas
las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:
44 Haced que os
penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el
Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.
45 Mas ellos no
entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las
entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.
46 Entonces
entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.
47 Y Jesús,
percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo
puso junto a sí,
48 y les dijo:
Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y
cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que
es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.
49 Entonces
respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera
demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con
nosotros.
50 Jesús le
dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por
nosotros es.
51 Cuando se
cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su
rostro para ir a Jerusalén.
52 Y envió
mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea
de los samaritanos para hacerle preparativos.
53 Mas no le
recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén.
54 Viendo esto
sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos
que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?
55 Entonces
volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué
espíritu sois;
56 porque el
Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres,
sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.
57 Yendo ellos,
uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.
58 Y le dijo
Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos;
mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
59 Y dijo a
otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre
a mi padre.
60 Jesús le
dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y
anuncia el reino de Dios.
61 Entonces
también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida
primero de los que están en mi casa.
62 Y Jesús le
dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es
apto para el reino de Dios.
Lucas
Capítulo 10
1
Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a
quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar
adonde él había de ir.
2 Y les decía:
La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto,
rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
3 Id; he aquí yo
os envío como corderos en medio de lobos.
4 No llevéis
bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.
5 En cualquier
casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.
6 Y si hubiere
allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se
volverá a vosotros.
7 Y posad en
aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el
obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.
8 En cualquier
ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;
9 y sanad a los
enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el
reino de Dios.
10 Mas en
cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus
calles, decid:
11 Aun el polvo
de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos
contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha
acercado a vosotros.
12 Y os digo que
en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para
aquella ciudad.
13 ¡Ay de ti,
Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran
hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que
sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
14 Por tanto, en
el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para
vosotras.
15 Y tú,
Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás
abatida.
16 El que a
vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me
desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.
17 Volvieron los
setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan
en tu nombre.
18 Y les dijo:
Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19 He aquí os
doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza
del enemigo, y nada os dañará.
20 Pero no os
regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de
que vuestros nombres están escritos en los cielos.
21 En aquella
misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas
de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí,
Padre, porque así te agradó.
22 Todas las
cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el
Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a
quien el Hijo lo quiera revelar.
23 Y volviéndose
a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven
lo que vosotros veis;
24 porque os
digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis,
y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
25 Y he aquí un
intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro,
¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
26 Él le dijo:
¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
27 Aquél,
respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y
con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a
tu prójimo como a ti mismo.
28 Y le dijo:
Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
29 Pero él,
queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi
prójimo?
30 Respondiendo
Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en
manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se
fueron, dejándole medio muerto.
31 Aconteció que
descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
32 Asimismo un
levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
33 Pero un
samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue
movido a misericordia;
34 y
acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y
poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
35 Otro día al
partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo:
Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando
regrese.
36 ¿Quién, pues,
de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de
los ladrones?
37 Él dijo: El
que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú
lo mismo.
38 Aconteció que
yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le
recibió en su casa.
39 Esta tenía
una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de
Jesús, oía su palabra.
40 Pero Marta se
preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te
da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me
ayude.
41 Respondiendo
Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas
cosas.
42 Pero sólo una
cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le
será quitada.
Lucas
Capítulo 11
1
Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno
de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también
Juan enseñó a sus discípulos.
2 Y les dijo:
Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como
en el cielo, así también en la tierra.
3 El pan nuestro
de cada día, dánoslo hoy.
4 Y perdónanos
nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que
nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
5 Les dijo
también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche
y le dice: Amigo, préstame tres panes,
6 porque un
amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante;
7 y aquél,
respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya
está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo
levantarme, y dártelos?
8 Os digo, que
aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su
importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.
9 Y yo os digo:
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
10 Porque todo
aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le
abrirá.
11 ¿Qué padre de
vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado,
en lugar de pescado, le dará una serpiente?
12 ¿O si le pide
un huevo, le dará un escorpión?
13 Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que
se lo pidan?
14 Estaba Jesús
echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el
demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló.
15 Pero algunos
de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera
los demonios.
16 Otros, para
tentarle, le pedían señal del cielo.
17 Mas él,
conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido
contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma,
cae.
18 Y si también
Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino?
ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios.
19 Pues si yo
echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los
echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
20 Mas si por el
dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de
Dios ha llegado a vosotros.
21 Cuando el
hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.
22 Pero cuando
viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en
que confiaba, y reparte el botín.
23 El que no es
conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
24 Cuando el
espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando
reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí.
25 Y cuando
llega, la halla barrida y adornada.
26 Entonces va,
y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí;
y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
27 Mientras él
decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y
le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que
mamaste.
28 Y él dijo:
Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
29 Y apiñándose
las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; demanda
señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
30 Porque así
como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del
Hombre a esta generación.
31 La reina del
Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación, y
los condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír
la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.
32 Los hombres
de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la
condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, y he
aquí más que Jonás en este lugar.
33 Nadie pone en
oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero,
para que los que entran vean la luz.
34 La lámpara
del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo
está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo
está en tinieblas.
35 Mira pues, no
suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas.
36 Así que, si
todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de
tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra
con su resplandor.
37 Luego que
hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrando
Jesús en la casa, se sentó a la mesa.
38 El fariseo,
cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de
comer.
39 Pero el Señor
le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del
vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de
maldad.
40 Necios, ¿el
que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro?
41 Pero dad
limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio.
42 Mas ¡ay de
vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda
hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os
era necesario hacer, sin dejar aquello.
43 ¡Ay de
vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas,
y las salutaciones en las plazas.
44 ¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros
que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
45 Respondiendo
uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices
esto, también nos afrentas a nosotros.
46 Y él dijo:
¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los
hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un
dedo las tocáis.
47 ¡Ay de
vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes
mataron vuestros padres!
48 De modo que
sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres;
porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus
sepulcros.
49 Por eso la
sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y
de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán,
50 para que se
demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha
derramado desde la fundación del mundo,
51 desde la
sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar
y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.
52 ¡Ay de
vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de
la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se
lo impedisteis.
53 Diciéndoles
él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle
en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas;
54 acechándole,
y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.
Lucas
Capítulo 12
1
En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros
se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente:
Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
2 Porque nada
hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya
de saberse.
3 Por tanto,
todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que
habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las
azoteas.
4 Mas os digo,
amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más
pueden hacer.
5 Pero os
enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber
quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a
éste temed.
6 ¿No se venden
cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está
olvidado delante de Dios.
7 Pues aun los
cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues;
más valéis vosotros que muchos pajarillos.
8 Os digo que
todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo
del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
9 mas el que me
negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de
Dios.
10 A todo aquel
que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será
perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le
será perdonado.
11 Cuando os
trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades,
no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis
de decir;
12 porque el
Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.
13 Le dijo uno
de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la
herencia.
14 Mas él le
dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o
partidor?
15 Y les dijo:
Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no
consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16 También les
refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había
producido mucho.
17 Y él pensaba
dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis
frutos?
18 Y dijo: Esto
haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí
guardaré todos mis frutos y mis bienes;
19 y diré a mi
alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años;
repósate, come, bebe, regocíjate.
20 Pero Dios le
dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has
provisto, ¿de quién será?
21 Así es el que
hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
22 Dijo luego a
sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida,
qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.
23 La vida es
más que la comida, y el cuerpo que el vestido.
24 Considerad
los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni
granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las
aves?
25 ¿Y quién de
vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?
26 Pues si no
podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?
27 Considerad
los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni
aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
28 Y si así
viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al
horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
29 Vosotros,
pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que
habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
30 Porque todas
estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que
tenéis necesidad de estas cosas.
31 Mas buscad el
reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
32 No temáis,
manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
33 Vended lo que
poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro
en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla
destruye.
34 Porque donde
está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
35 Estén ceñidos
vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;
36 y vosotros
sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las
bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.
37
Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando
venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se
sienten a la mesa, y vendrá a servirles.
38 Y aunque
venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si
los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.
39 Pero sabed
esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había
de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.
40 Vosotros,
pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el
Hijo del Hombre vendrá.
41 Entonces
Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a
todos?
42 Y dijo el
Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor
pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración?
43
Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle
haciendo así.
44 En verdad os
digo que le pondrá sobre todos sus bienes.
45 Mas si aquel
siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a
golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y
embriagarse,
46 vendrá el
señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no
sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.
47 Aquel siervo
que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo
conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.
48 Mas el que
sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque
a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al
que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.
49 Fuego vine a
echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?
50 De un
bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se
cumpla!
51 ¿Pensáis que
he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión.
52 Porque de
aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres
contra dos, y dos contra tres.
53 Estará
dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la
madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su
nuera, y la nuera contra su suegra.
54 Decía también
a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego
decís: Agua viene; y así sucede.
55 Y cuando
sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace.
56 ¡Hipócritas!
Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no
distinguís este tiempo?
57 ¿Y por qué no
juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58 Cuando vayas
al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con
él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al
alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
59 Te digo que
no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca.
Lucas
Capítulo 13
1
En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de
los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios
de ellos.
2 Respondiendo
Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron
tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?
3 Os digo: No;
antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
4 O aquellos
dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató,
¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en
Jerusalén?
5 Os digo: No;
antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
6 Dijo también
esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y
vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.
7 Y dijo al
viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta
higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la
tierra?
8 Él entonces,
respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo
cave alrededor de ella, y la abone.
9 Y si diere
fruto, bien; y si no, la cortarás después.
10 Enseñaba
Jesús en una sinagoga en el día de reposo;
11 y había allí
una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de
enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía
enderezar.
12 Cuando Jesús
la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.
13 Y puso las
manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.
14 Pero el
principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el
día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe
trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de
reposo.
15 Entonces el
Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no
desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva
a beber?
16 Y a esta hija
de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía
desatar de esta ligadura en el día de reposo?
17 Al decir él
estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el
pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.
18 Y dijo: ¿A
qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?
19 Es semejante
al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y
creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus
ramas.
20 Y volvió a
decir: ¿A qué compararé el reino de Dios?
21 Es semejante
a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de
harina, hasta que todo hubo fermentado.
22 Pasaba Jesús
por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.
23 Y alguien le
dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
24 Esforzaos a
entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán
entrar, y no podrán.
25 Después que
el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando
fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor,
ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.
26 Entonces
comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en
nuestras plazas enseñaste.
27 Pero os dirá:
Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros,
hacedores de maldad.
28 Allí será el
llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a
Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis
excluidos.
29 Porque
vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se
sentarán a la mesa en el reino de Dios.
30 Y he aquí,
hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.
31 Aquel mismo
día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque
Herodes te quiere matar.
32 Y les dijo:
Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago
curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.
33 Sin embargo,
es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque
no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
34 ¡Jerusalén,
Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son
enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a
sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
35 He aquí,
vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis,
hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en
nombre del Señor.
Lucas
Capítulo 14
1
Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para comer en casa
de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban.
2 Y he aquí
estaba delante de él un hombre hidrópico.
3 Entonces Jesús
habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es
lícito sanar en el día de reposo?
4 Mas ellos
callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió.
5 Y dirigiéndose
a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún
pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?
6 Y no le podían
replicar a estas cosas.
7 Observando
cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los
convidados una parábola, diciéndoles:
8 Cuando fueres
convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no
sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,
9 y viniendo el
que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces
comiences con verg:uenza a ocupar el último lugar.
10 Mas cuando
fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando
venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces
tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.
11 Porque
cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla,
será enaltecido.
12 Dijo también
al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a
tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos
ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas
recompensado.
13 Mas cuando
hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los
ciegos;
14 y serás
bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será
recompensado en la resurrección de los justos.
15 Oyendo esto
uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo:
Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.
16 Entonces
Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.
17 Y a la hora
de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya
todo está preparado.
18 Y todos a una
comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y
necesito ir a verla; te ruego que me excuses.
19 Otro dijo: He
comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me
excuses.
20 Y otro dijo:
Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
21 Vuelto el
siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre
de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles
de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los
ciegos.
22 Y dijo el
siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.
23 Dijo el señor
al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a
entrar, para que se llene mi casa.
24 Porque os
digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará
mi cena.
25 Grandes
multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:
26 Si alguno
viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y
hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi
discípulo.
27 Y el que no
lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
28 Porque ¿quién
de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y
calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
29 No sea que
después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los
que lo vean comiencen a hacer burla de él,
30 diciendo:
Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
31 ¿O qué rey,
al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y
considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él
con veinte mil?
32 Y si no
puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le
pide condiciones de paz.
33 Así, pues,
cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede
ser mi discípulo.
34 Buena es la
sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará?
35 Ni para la
tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene
oídos para oír, oiga.
Lucas
Capítulo 15
1
Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
2 y los fariseos
y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y
con ellos come.
3 Entonces él
les refirió esta parábola, diciendo:
4 ¿Qué hombre de
vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las
noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta
encontrarla?
5 Y cuando la
encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;
6 y al llegar a
casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo,
porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
7 Os digo que
así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que
por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
8 ¿O qué mujer
que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la
lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
9 Y cuando la
encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo,
porque he encontrado la dracma que había perdido.
10 Así os digo
que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se
arrepiente.
11 También dijo:
Un hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de
ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me
corresponde; y les repartió los bienes.
13 No muchos
días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una
provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo
perdidamente.
14 Y cuando todo
lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y
comenzó a faltarle.
15 Y fue y se
arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a
su hacienda para que apacentase cerdos.
16 Y deseaba
llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero
nadie le daba.
17 Y volviendo
en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18 Me levantaré
e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y
contra ti.
19 Ya no soy
digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
20 Y
levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su
padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su
cuello, y le besó.
21 Y el hijo le
dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy
digno de ser llamado tu hijo.
22 Pero el padre
dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un
anillo en su mano, y calzado en sus pies.
23 Y traed el
becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
24 porque este
mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y
comenzaron a regocijarse.
25 Y su hijo
mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa,
oyó la música y las danzas;
26 y llamando a
uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27 Él le dijo:
Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo,
por haberle recibido bueno y sano.
28 Entonces se
enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que
entrase.
29 Mas él,
respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no
habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito
para gozarme con mis amigos.
30 Pero cuando
vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has
hecho matar para él el becerro gordo.
31 Él entonces
le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son
tuyas.
32 Mas era
necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era
muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
Lucas
Capítulo 16
1
Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un
mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.
2 Entonces le
llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de
tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.
3 Entonces el
mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la
mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da verg:uenza.
4 Ya sé lo que
haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus
casas.
5 Y llamando a
cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a
mi amo?
6 Él dijo: Cien
barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y
escribe cincuenta.
7 Después dijo a
otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le
dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.
8 Y alabó el amo
al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de
este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los
hijos de luz.
9 Y yo os digo:
Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando
éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
10 El que es
fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy
poco es injusto, también en lo más es injusto.
11 Pues si en
las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo
verdadero?
12 Y si en lo
ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?
13 Ningún siervo
puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al
otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a
Dios y a las riquezas.
14 Y oían
también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se
burlaban de él.
15 Entonces les
dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante
de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que
los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
16 La ley y los
profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es
anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.
17 Pero más
fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de
la ley.
18 Todo el que
repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa
con la repudiada del marido, adultera.
19 Había un
hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada
día banquete con esplendidez.
20 Había también
un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél,
lleno de llagas,
21 y ansiaba
saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los
perros venían y le lamían las llagas.
22 Aconteció que
murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;
y murió también el rico, y fue sepultado.
23 Y en el Hades
alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a
Lázaro en su seno.
24 Entonces él,
dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a
Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi
lengua; porque estoy atormentado en esta llama.
25 Pero Abraham
le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y
Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú
atormentado.
26 Además de
todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de
manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni
de allá pasar acá.
27 Entonces le
dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28 porque tengo
cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan
ellos también a este lugar de tormento.
29 Y Abraham le
dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
30 Él entonces
dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los
muertos, se arrepentirán.
31 Mas Abraham
le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se
persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
Lucas
Capítulo 17
1
Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos;
mas ¡ay de aquel por quien vienen!
2 Mejor le fuera
que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al
mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
3 Mirad por
vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se
arrepintiere, perdónale.
4 Y si siete
veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti,
diciendo: Me arrepiento; perdónale.
5 Dijeron los
apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
6 Entonces el
Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir
a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os
obedecería.
7 ¿Quién de
vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver
él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
8 ¿No le dice
más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido
y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
9 ¿Acaso da
gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que
no.
10 Así también
vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado,
decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
11 Yendo Jesús a
Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
12 Y al entrar
en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los
cuales se pararon de lejos
13 y alzaron la
voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
14 Cuando él los
vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que
mientras iban, fueron limpiados.
15 Entonces uno
de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios
a gran voz,
16 y se postró
rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.
17 Respondiendo
Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve,
¿dónde están?
18 ¿No hubo
quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?
19 Y le dijo:
Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
20 Preguntado
por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les
respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia,
21 ni dirán:
Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre
vosotros.
22 Y dijo a sus
discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del
Hijo del Hombre, y no lo veréis.
23 Y os dirán:
Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis.
24 Porque como
el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo
hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.
25 Pero primero
es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.
26 Como fue en
los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.
27 Comían,
bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que
entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.
28 Asimismo como
sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían,
plantaban, edificaban;
29 mas el día en
que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los
destruyó a todos.
30 Así será el
día en que el Hijo del Hombre se manifieste.
31 En aquel día,
el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a
tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
32 Acordaos de
la mujer de Lot.
33 Todo el que
procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la
salvará.
34 Os digo que
en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el
otro será dejado.
35 Dos mujeres
estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada.
36 Dos estarán
en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.
37 Y
respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde
estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.
Lucas
Capítulo 18
1
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar
siempre, y no desmayar,
2 diciendo:
Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a
hombre.
3 Había también
en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme
justicia de mi adversario.
4 Y él no quiso
por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni
temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
5 sin embargo,
porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que
viniendo de continuo, me agote la paciencia.
6 Y dijo el
Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
7 ¿Y acaso Dios
no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se
tardará en responderles?
8 Os digo que
pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre,
¿hallará fe en la tierra?
9 A unos que
confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros,
dijo también esta parábola:
10 Dos hombres
subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo,
puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy
gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos,
adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos
veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el
publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo,
sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí,
pecador.
14 Os digo que
éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque
cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será
enaltecido.
15 Traían a él
los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les
reprendieron.
16 Mas Jesús,
llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo
impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.
17 De cierto os
digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará
en él.
18 Un hombre
principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para
heredar la vida eterna?
19 Jesús le
dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.
20 Los
mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no
dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
21 Él dijo: Todo
esto lo he guardado desde mi juventud.
22 Jesús, oyendo
esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y
dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
23 Entonces él,
oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Al ver Jesús
que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán
en el reino de Dios los que tienen riquezas!
25 Porque es más
fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico
en el reino de Dios.
26 Y los que
oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
27 Él les dijo:
Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
28 Entonces
Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te
hemos seguido.
29 Y él les
dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o
padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,
30 que no haya
de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida
eterna.
31 Tomando Jesús
a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán
todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del
Hombre.
32 Pues será
entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y
escupido.
33 Y después que
le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.
34 Pero ellos
nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era
encubierta, y no entendían lo que se les decía.
35 Aconteció que
acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino
mendigando;
36 y al oír a la
multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.
37 Y le dijeron
que pasaba Jesús nazareno.
38 Entonces dio
voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
39 Y los que
iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho
más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
40 Jesús
entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando
llegó, le preguntó,
41 diciendo:
¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.
42 Jesús le
dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.
43 Y luego vio,
y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio
aquello, dio alabanza a Dios.
Lucas
Capítulo 19
1
Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.
2 Y sucedió que
un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico,
3 procuraba ver
quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era
pequeño de estatura.
4 Y corriendo
delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar
por allí.
5 Cuando Jesús
llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo:
Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo
en tu casa.
6 Entonces él
descendió aprisa, y le recibió gozoso.
7 Al ver esto,
todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre
pecador.
8 Entonces
Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de
mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se
lo devuelvo cuadruplicado.
9 Jesús le dijo:
Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es
hijo de Abraham.
10 Porque el
Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
11 Oyendo ellos
estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba
cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se
manifestaría inmediatamente.
12 Dijo, pues:
Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y
volver.
13 Y llamando a
diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre
tanto que vengo.
14 Pero sus
conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada,
diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
15 Aconteció que
vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a
aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo
que había negociado cada uno.
16 Vino el
primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
17 Él le dijo:
Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás
autoridad sobre diez ciudades.
18 Vino otro,
diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas.
19 Y también a
éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
20 Vino otro,
diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un
pañuelo;
21 porque tuve
miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no
pusiste, y siegas lo que no sembraste.
22 Entonces él
le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era
hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no
sembré;
23 ¿por qué,
pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo
hubiera recibido con los intereses?
24 Y dijo a los
que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las
diez minas.
25 Ellos le
dijeron: Señor, tiene diez minas.
26 Pues yo os
digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun
lo que tiene se le quitará.
27 Y también a
aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos,
traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.
28 Dicho esto,
iba delante subiendo a Jerusalén.
29 Y aconteció
que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de
los Olivos, envió dos de sus discípulos,
30 diciendo: Id
a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino
atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y
traedlo.
31 Y si alguien
os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el
Señor lo necesita.
32 Fueron los
que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
33 Y cuando
desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el
pollino?
34 Ellos
dijeron: Porque el Señor lo necesita.
35 Y lo trajeron
a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a
Jesús encima.
36 Y a su paso
tendían sus mantos por el camino.
37 Cuando
llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la
multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a
grandes voces por todas las maravillas que habían visto,
38 diciendo:
¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y
gloria en las alturas!
39 Entonces
algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro,
reprende a tus discípulos.
40 Él,
respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras
clamarían.
41 Y cuando
llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,
42 diciendo:
¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es
para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.
43 Porque
vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado,
y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,
44 y te
derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti
piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu
visitación.
45 Y entrando en
el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban
en él,
46 diciéndoles:
Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis
hecho cueva de ladrones.
47 Y enseñaba
cada día en el templo; pero los principales sacerdotes, los escribas
y los principales del pueblo procuraban matarle.
48 Y no hallaban
nada que pudieran hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso
oyéndole.
Lucas
Capítulo 20
1
Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y
anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los
escribas, con los ancianos,
2 y le hablaron
diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es
el que te ha dado esta autoridad?
3 Respondiendo
Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:
4 El bautismo de
Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
5 Entonces ellos
discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué,
pues, no le creísteis?
6 Y si decimos,
de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están
persuadidos de que Juan era profeta.
7 Y respondieron
que no sabían de dónde fuese.
8 Entonces Jesús
les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.
9 Comenzó luego
a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la
arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
10 Y a su tiempo
envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la
viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos
vacías.
11 Volvió a
enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado,
le enviaron con las manos vacías.
12 Volvió a
enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera,
herido.
13 Entonces el
señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá
cuando le vean a él, le tendrán respeto.
14 Mas los
labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el
heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.
15 Y le echaron
fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la
viña?
16 Vendrá y
destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos
oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre!
17 Pero él,
mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que
desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo?
18 Todo el que
cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella
cayere, le desmenuzará.
19 Procuraban
los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella
hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta
parábola; pero temieron al pueblo.
20 Y acechándole
enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en
alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.
21 Y le
preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas
rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el
camino de Dios con verdad.
22 ¿Nos es
lícito dar tributo a César, o no?
23 Mas él,
comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
24 Mostradme la
moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo
dijeron: De César.
25 Entonces les
dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de
Dios.
26 Y no pudieron
sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que
maravillados de su respuesta, callaron.
27 Llegando
entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber
resurrección, le preguntaron,
28 diciendo:
Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere
teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella,
y levante descendencia a su hermano.
29 Hubo, pues,
siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.
30 Y la tomó el
segundo, el cual también murió sin hijos.
31 La tomó el
tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia.
32 Finalmente
murió también la mujer.
33 En la
resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete
la tuvieron por mujer?
34 Entonces
respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se
dan en casamiento;
35 mas los que
fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección
de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.
36 Porque no
pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de
Dios, al ser hijos de la resurrección.
37 Pero en
cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en
el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios
de Isaac y Dios de Jacob.
38 Porque Dios
no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.
39
Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has
dicho.
40 Y no osaron
preguntarle nada más.
41 Entonces él
les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?
42 Pues el mismo
David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
43 Hasta que
ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
44 David, pues,
le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?
45 Y oyéndole
todo el pueblo, dijo a sus discípulos:
46 Guardaos de
los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las
salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas,
y los primeros asientos en las cenas;
47 que devoran
las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones;
éstos recibirán mayor condenación.
Lucas
Capítulo 21
1
Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el
arca de las ofrendas.
2 Vio también a
una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas.
3 Y dijo: En
verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.
4 Porque todos
aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas
ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.
5 Y a unos que
hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y
ofrendas votivas, dijo:
6 En cuanto a
estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre
piedra, que no sea destruida.
7 Y le
preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal
habrá cuando estas cosas estén para suceder?
8 Él entonces
dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi
nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no
vayáis en pos de ellos.
9 Y cuando
oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es
necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será
inmediatamente.
10 Entonces les
dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino;
11 y habrá
grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias;
y habrá terror y grandes señales del cielo.
12 Pero antes de
todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán
a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y
ante gobernadores por causa de mi nombre.
13 Y esto os
será ocasión para dar testimonio.
14 Proponed en
vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en
vuestra defensa;
15 porque yo os
daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir
todos los que se opongan.
16 Mas seréis
entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y
amigos; y matarán a algunos de vosotros;
17 y seréis
aborrecidos de todos por causa de mi nombre.
18 Pero ni un
cabello de vuestra cabeza perecerá.
19 Con vuestra
paciencia ganaréis vuestras almas.
20 Pero cuando
viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su
destrucción ha llegado.
21 Entonces los
que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella,
váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
22 Porque estos
son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que
están escritas.
23 Mas ¡ay de
las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque
habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.
24 Y caerán a
filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y
Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de
los gentiles se cumplan.
25 Entonces
habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la
tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del
mar y de las olas;
26
desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las
cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los
cielos serán conmovidas.
27 Entonces
verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran
gloria.
28 Cuando estas
cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque
vuestra redención está cerca.
29 También les
dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.
30 Cuando ya
brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya
cerca.
31 Así también
vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca
el reino de Dios.
32 De cierto os
digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.
33 El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
34 Mirad también
por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de
glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de
repente sobre vosotros aquel día.
35 Porque como
un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la
tierra.
36 Velad, pues,
en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de
todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo
del Hombre.
37 Y enseñaba de
día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se
llama de los Olivos.
38 Y todo el
pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo.
Lucas
Capítulo 22
1
Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la
pascua.
2 Y los
principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque
temían al pueblo.
3 Y entró
Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del
número de los doce;
4 y éste fue y
habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia,
de cómo se lo entregaría.
5 Ellos se
alegraron, y convinieron en darle dinero.
6 Y él se
comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas
del pueblo.
7 Llegó el día
de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el
cordero de la pascua.
8 Y Jesús envió
a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la
comamos.
9 Ellos le
dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos?
10 Él les dijo:
He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que
lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare,
11 y decid al
padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el
aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?
12 Entonces él
os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí.
13 Fueron, pues,
y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
14 Cuando era la
hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles.
15 Y les dijo:
¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!
16 Porque os
digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
17 Y habiendo
tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre
vosotros;
18 porque os
digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de
Dios venga.
19 Y tomó el pan
y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo,
que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
20 De igual
manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa
es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
21 Mas he aquí,
la mano del que me entrega está conmigo en la mesa.
22 A la verdad
el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de
aquel hombre por quien es entregado!
23 Entonces
ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que
había de hacer esto.
24 Hubo también
entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.
25 Pero él les
dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que
sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;
26 mas no así
vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el
que dirige, como el que sirve.
27 Porque, ¿cuál
es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que
se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
28 Pero vosotros
sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.
29 Yo, pues, os
asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí,
30 para que
comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos
juzgando a las doce tribus de Israel.
31 Dijo también
el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para
zarandearos como a trigo;
32 pero yo he
rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a
tus hermanos.
33 El le dijo:
Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino
también a la muerte.
34 Y él le dijo:
Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres
veces que me conoces.
35 Y a ellos
dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os
faltó algo? Ellos dijeron: Nada.
36 Y les dijo:
Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el
que no tiene espada, venda su capa y compre una.
37 Porque os
digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está
escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito
de mí, tiene cumplimiento.
38 Entonces
ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.
39 Y saliendo,
se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también
le siguieron.
40 Cuando llegó
a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
41 Y él se
apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de
rodillas oró,
42 diciendo:
Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi
voluntad, sino la tuya.
43 Y se le
apareció un ángel del cielo para fortalecerle.
44 Y estando en
agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de
sangre que caían hasta la tierra.
45 Cuando se
levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo
a causa de la tristeza;
46 y les dijo:
¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
47 Mientras él
aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno
de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para
besarle.
48 Entonces
Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?
49 Viendo los
que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor,
¿heriremos a espada?
50 Y uno de
ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja
derecha.
51 Entonces
respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le
sanó.
52 Y Jesús dijo
a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y
a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón
habéis salido con espadas y palos?
53 Habiendo
estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos
contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
54 Y
prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo
sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.
55 Y habiendo
ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y
Pedro se sentó también entre ellos.
56 Pero una
criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También
éste estaba con él.
57 Pero él lo
negó, diciendo: Mujer, no lo conozco.
58 Un poco
después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro
dijo: Hombre, no lo soy.
59 Como una hora
después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba
con él, porque es galileo.
60 Y Pedro dijo:
Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía
hablaba, el gallo cantó.
61 Entonces,
vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del
Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres
veces.
62 Y Pedro,
saliendo fuera, lloró amargamente.
63 Y los hombres
que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban;
64 y vendándole
los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo:
Profetiza, ¿quién es el que te golpeó?
65 Y decían
otras muchas cosas injuriándole.
66 Cuando era de
día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes
y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo:
67 ¿Eres tú el
Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
68 y también si
os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.
69 Pero desde
ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.
70 Dijeron
todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís
que lo soy.
71 Entonces
ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros
mismos lo hemos oído de su boca.
Lucas
Capítulo 23
1
Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús
a Pilato.
2 Y comenzaron a
acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación,
y que prohibe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el
Cristo, un rey.
3 Entonces
Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y
respondiéndole él, dijo: Tú lo dices.
4 Y Pilato dijo
a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en
este hombre.
5 Pero ellos
porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea,
comenzando desde Galilea hasta aquí.
6 Entonces
Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.
7 Y al saber que
era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en
aquellos días también estaba en Jerusalén.
8 Herodes,
viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba
verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle
hacer alguna señal.
9 Y le hacía
muchas preguntas, pero él nada le respondió.
10 Y estaban los
principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran
vehemencia.
11 Entonces
Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de
una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.
12 Y se hicieron
amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados
entre sí.
13 Entonces
Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes,
y al pueblo,
14 les dijo: Me
habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero
habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este
hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis.
15 Y ni aun
Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha
hecho este hombre.
16 Le soltaré,
pues, después de castigarle.
17 Y tenía
necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
18 Mas toda la
multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a
Barrabás!
19 Este había
sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un
homicidio.
20 Les habló
otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús;
21 pero ellos
volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!
22 Él les dijo
por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de
muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré.
23 Mas ellos
instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las
voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron.
24 Entonces
Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían;
25 y les soltó a
aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a
quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
26 Y llevándole,
tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron
encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
27 Y le seguía
gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían
lamentación por él.
28 Pero Jesús,
vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,
sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
29 Porque he
aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los
vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.
30 Entonces
comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los
collados: Cubridnos.
31 Porque si en
el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?
32 Llevaban
también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.
33 Y cuando
llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a
los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
34 Y Jesús
decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y
repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
35 Y el pueblo
estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A
otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido
de Dios.
36 Los soldados
también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,
37 y diciendo:
Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
38 Había también
sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas:
ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
39 Y uno de los
malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres
el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.
40 Respondiendo
el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en
la misma condenación?
41 Nosotros, a
la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron
nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.
42 Y dijo a
Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
43 Entonces
Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el
paraíso.
44 Cuando era
como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la
hora novena.
45 Y el sol se
oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad.
46 Entonces
Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi
espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.
47 Cuando el
centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo:
Verdaderamente este hombre era justo.
48 Y toda la
multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo
que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho.
49 Pero todos
sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea,
estaban lejos mirando estas cosas.
50 Había un
varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era
miembro del concilio, varón bueno y justo.
51 Este, que
también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el
acuerdo ni en los hechos de ellos,
52 fue a Pilato,
y pidió el cuerpo de Jesús.
53 Y quitándolo,
lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una
peña, en el cual aún no se había puesto a nadie.
54 Era día de la
preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.
55 Y las mujeres
que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron
el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.
56 Y vueltas,
prepararon especias aromáticas y ung:uentos; y descansaron el día de
reposo, conforme al mandamiento.
Lucas
Capítulo 24
1
El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro,
trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas
otras mujeres con ellas.
2 Y hallaron
removida la piedra del sepulcro;
3 y entrando, no
hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 Aconteció que
estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas
dos varones con vestiduras resplandecientes;
5 y como
tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué
buscáis entre los muertos al que vive?
6 No está aquí,
sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún
estaba en Galilea,
7 diciendo: Es
necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres
pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.
8 Entonces ellas
se acordaron de sus palabras,
9 y volviendo
del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a
todos los demás.
10 Eran María
Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas,
quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.
11 Mas a ellos
les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.
12 Pero
levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio
los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había
sucedido.
13 Y he aquí,
dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba
a sesenta estadios de Jerusalén.
14 E iban
hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.
15 Sucedió que
mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y
caminaba con ellos.
16 Mas los ojos
de ellos estaban velados, para que no le conociesen.
17 Y les dijo:
¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis,
y por qué estáis tristes?
18 Respondiendo
uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único
forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han
acontecido en estos días?
19 Entonces él
les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue
varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de
todo el pueblo;
20 y cómo le
entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a
sentencia de muerte, y le crucificaron.
21 Pero nosotros
esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora,
además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.
22 Aunque
también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que
antes del día fueron al sepulcro;
23 y como no
hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto
visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.
24 Y fueron
algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres
habían dicho, pero a él no le vieron.
25 Entonces él
les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que
los profetas han dicho!
26 ¿No era
necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su
gloria?
27 Y comenzando
desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en
todas las Escrituras lo que de él decían.
28 Llegaron a la
aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.
29 Mas ellos le
obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace
tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
30 Y aconteció
que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo,
lo partió, y les dio.
31 Entonces les
fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció
de su vista.
32 Y se decían
el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos
hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
33 Y
levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a
los once reunidos, y a los que estaban con ellos,
34 que decían:
Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
35 Entonces
ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y
cómo le habían reconocido al partir el pan.
36 Mientras
ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos,
y les dijo: Paz a vosotros.
37 Entonces,
espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.
38 Pero él les
dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos
pensamientos?
39 Mirad mis
manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un
espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
40 Y diciendo
esto, les mostró las manos y los pies.
41 Y como
todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les
dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
42 Entonces le
dieron parte de un pez asado, y un panal de miel.
43 Y él lo tomó,
y comió delante de ellos.
44 Y les dijo:
Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que
era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la
ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
45 Entonces les
abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;
46 y les dijo:
Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y
resucitase de los muertos al tercer día;
47 y que se
predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en
todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
48 Y vosotros
sois testigos de estas cosas.
49 He aquí, yo
enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros
en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde
lo alto.
50 Y los sacó
fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
51 Y aconteció
que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al
cielo.
52 Ellos,
después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo;
53 y estaban
siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.
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