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Job
Capítulo 1
1
Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre
perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
2
Y le nacieron siete hijos y tres hijas.
3
Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas
yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era
aquel varón más grande que todos los orientales.
4
E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su
día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y
bebiesen con ellos.
5
Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job
enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía
holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job:
Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en
sus corazones. De esta manera hacía todos los días.
6
Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios,
entre los cuales vino también Satanás.
7
Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a
Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella.
8
Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no
hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de
Dios y apartado del mal?
9
Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de
balde?
10
¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?
Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes
han aumentado sobre la tierra.
11
Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no
blasfema contra ti en tu misma presencia.
12
Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano;
solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de
Jehová.
13
Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en
casa de su hermano el primogénito,
14
y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y
las asnas paciendo cerca de ellos,
15
y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a
filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia.
16
Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios
cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los
consumió; solamente escapé yo para darte la noticia.
17
Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos
hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se
los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente
escapé yo para darte la noticia.
18
Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus
hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el
primogénito;
19
y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro
esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y
solamente escapé yo para darte la noticia.
20
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se
postró en tierra y adoró,
21
y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré
allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.
22
En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
Job
Capítulo 2
1
Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse
delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose
delante de Jehová.
2
Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a
Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
3
Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no
hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de
Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun
cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?
4
Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el
hombre tiene dará por su vida.
5
Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si
no blasfema contra ti en tu misma presencia.
6
Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su
vida.
7
Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con
una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la
cabeza.
8
Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en
medio de ceniza.
9
Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a
Dios, y muérete.
10
Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas,
has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo
recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
11
Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar
naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido,
vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir
juntos para condolerse de él y para consolarle.
12
Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y
lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres
esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.
13
Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y
ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy
grande.
Job
Capítulo 3
1
Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.
2 Y exclamó Job,
y dijo:
3 Perezca el día
en que yo nací, Y la noche en que se dijo: Varón es concebido.
4 Sea aquel día
sombrío, Y no cuide de él Dios desde arriba, Ni claridad sobre él
resplandezca.
5 Aféenlo
tinieblas y sombra de muerte; Repose sobre él nublado Que lo haga
horrible como día caliginoso.
6 Ocupe aquella
noche la oscuridad; No sea contada entre los días del año, Ni venga
en el número de los meses.
7 ¡Oh, que fuera
aquella noche solitaria, Que no viniera canción alguna en ella!
8 Maldíganla los
que maldicen el día, Los que se aprestan para despertar a Leviatán.
9 Oscurézcanse
las estrellas de su alba; Espere la luz, y no venga, Ni vea los
párpados de la mañana;
10 Por cuanto no
cerró las puertas del vientre donde yo estaba, Ni escondió de mis
ojos la miseria.
11 ¿Por qué no
morí yo en la matriz, O expiré al salir del vientre?
12 ¿Por qué me
recibieron las rodillas? ¿Y a qué los pechos para que mamase?
13 Pues ahora
estaría yo muerto, y reposaría; Dormiría, y entonces tendría
descanso,
14 Con los reyes
y con los consejeros de la tierra, Que reedifican para sí ruinas;
15 O con los
príncipes que poseían el oro, Que llenaban de plata sus casas.
16 ¿Por qué no
fui escondido como abortivo, Como los pequeñitos que nunca vieron la
luz?
17 Allí los
impíos dejan de perturbar, Y allí descansan los de agotadas fuerzas.
18 Allí también
reposan los cautivos; No oyen la voz del capataz.
19 Allí están el
chico y el grande, Y el siervo libre de su señor.
20 ¿Por qué se
da luz al trabajado, Y vida a los de ánimo amargado,
21 Que esperan
la muerte, y ella no llega, Aunque la buscan más que tesoros;
22 Que se
alegran sobremanera, Y se gozan cuando hallan el sepulcro?
23 ¿Por qué se
da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir, Y a quien Dios ha
encerrado?
24 Pues antes
que mi pan viene mi suspiro, Y mis gemidos corren como aguas.
25 Porque el
temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo que yo
temía.
26 No he tenido
paz, no me aseguré, ni estuve reposado; No obstante, me vino
turbación.
Job
Capítulo 4
1
Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 Si probáremos
a hablarte, te será molesto; Pero ¿quién podrá detener las palabras?
3 He aquí, tú
enseñabas a muchos, Y fortalecías las manos débiles;
4 Al que
tropezaba enderezaban tus palabras, Y esforzabas las rodillas que
decaían.
5 Mas ahora que
el mal ha venido sobre ti, te desalientas; Y cuando ha llegado hasta
ti, te turbas.
6 ¿No es tu
temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus
caminos?
7 Recapacita
ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos
los rectos?
8 Como yo he
visto, los que aran iniquidad Y siembran injuria, la siegan.
9 Perecen por el
aliento de Dios, Y por el soplo de su ira son consumidos.
10 Los rugidos
del león, y los bramidos del rugiente, Y los dientes de los
leoncillos son quebrantados.
11 El león viejo
perece por falta de presa, Y los hijos de la leona se dispersan.
12 El asunto
también me era a mí oculto; Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13 En
imaginaciones de visiones nocturnas, Cuando el sueño cae sobre los
hombres,
14 Me sobrevino
un espanto y un temblor, Que estremeció todos mis huesos;
15 Y al pasar un
espíritu por delante de mí, Hizo que se erizara el pelo de mi
cuerpo.
16 Paróse
delante de mis ojos un fantasma, Cuyo rostro yo no conocí, Y quedo,
oí que decía:
17 ¿Será el
hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo
hizo?
18 He aquí, en
sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles;
19 ¡Cuánto más
en los que habitan en casas de barro, Cuyos cimientos están en el
polvo, Y que serán quebrantados por la polilla!
20 De la mañana
a la tarde son destruidos, Y se pierden para siempre, sin haber
quien repare en ello.
21 Su hermosura,
¿no se pierde con ellos mismos? Y mueren sin haber adquirido
sabiduría.
Job
Capítulo 5
1
Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los
santos te volverás?
2 Es cierto que
al necio lo mata la ira, Y al codicioso lo consume la envidia.
3 Yo he visto al
necio que echaba raíces, Y en la misma hora maldije su habitación.
4 Sus hijos
estarán lejos de la seguridad; En la puerta serán quebrantados, Y no
habrá quien los libre.
5 Su mies
comerán los hambrientos, Y la sacarán de entre los espinos, Y los
sedientos beberán su hacienda.
6 Porque la
aflicción no sale del polvo, Ni la molestia brota de la tierra.
7 Pero como las
chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para
la aflicción.
8 Ciertamente yo
buscaría a Dios, Y encomendaría a él mi causa;
9 El cual hace
cosas grandes e inescrutables, Y maravillas sin número;
10 Que da la
lluvia sobre la faz de la tierra, Y envía las aguas sobre los
campos;
11 Que pone a
los humildes en altura, Y a los enlutados levanta a seguridad;
12 Que frustra
los pensamientos de los astutos, Para que sus manos no hagan nada;
13 Que prende a
los sabios en la astucia de ellos, Y frustra los designios de los
perversos.
14 De día
tropiezan con tinieblas, Y a mediodía andan a tientas como de noche.
15 Así libra de
la espada al pobre, de la boca de los impíos, Y de la mano violenta;
16 Pues es
esperanza al menesteroso, Y la iniquidad cerrará su boca.
17 He aquí,
bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; Por tanto, no
menosprecies la corrección del Todopoderoso.
18 Porque él es
quien hace la llaga, y él la vendará; El hiere, y sus manos curan.
19 En seis
tribulaciones te librará, Y en la séptima no te tocará el mal.
20 En el hambre
te salvará de la muerte, Y del poder de la espada en la guerra.
21 Del azote de
la lengua serás encubierto; No temerás la destrucción cuando
viniere.
22 De la
destrucción y del hambre te reirás, Y no temerás de las fieras del
campo;
23 Pues aun con
las piedras del campo tendrás tu pacto, Y las fieras del campo
estarán en paz contigo.
24 Sabrás que
hay paz en tu tienda; Visitarás tu morada, y nada te faltará.
25 Asimismo
echarás de ver que tu descendencia es mucha, Y tu prole como la
hierba de la tierra.
26 Vendrás en la
vejez a la sepultura, Como la gavilla de trigo que se recoge a su
tiempo.
27 He aquí lo
que hemos inquirido, lo cual es así; Oyelo, y conócelo tú para tu
provecho.
Job
Capítulo 6
1
Respondió entonces Job, y dijo:
2 ¡Oh, que
pesasen justamente mi queja y mi tormento, Y se alzasen igualmente
en balanza!
3 Porque
pesarían ahora más que la arena del mar; Por eso mis palabras han
sido precipitadas.
4 Porque las
saetas del Todopoderoso están en mí, Cuyo veneno bebe mi espíritu; Y
terrores de Dios me combaten.
5 ¿Acaso gime el
asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto?
6 ¿Se comerá lo
desabrido sin sal? ¿Habrá gusto en la clara del huevo?
7 Las cosas que
mi alma no quería tocar, Son ahora mi alimento.
8 ¡Quién me
diera que viniese mi petición, Y que me otorgase Dios lo que anhelo,
9 Y que agradara
a Dios quebrantarme; Que soltara su mano, y acabara conmigo!
10 Sería aún mi
consuelo, Si me asaltase con dolor sin dar más tregua, Que yo no he
escondido las palabras del Santo.
11 ¿Cuál es mi
fuerza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para que tenga aún
paciencia?
12 ¿Es mi fuerza
la de las piedras, O es mi carne de bronce?
13 ¿No es así
que ni aun a mí mismo me puedo valer, Y que todo auxilio me ha
faltado?
14 El atribulado
es consolado por su compañero; Aun aquel que abandona el temor del
Omnipotente.
15 Pero mis
hermanos me traicionaron como un torrente; Pasan como corrientes
impetuosas
16 Que están
escondidas por la helada, Y encubiertas por la nieve;
17 Que al tiempo
del calor son deshechas, Y al calentarse, desaparecen de su lugar;
18 Se apartan de
la senda de su rumbo, Van menguando, y se pierden.
19 Miraron los
caminantes de Temán, Los caminantes de Sabá esperaron en ellas;
20 Pero fueron
avergonzados por su esperanza; Porque vinieron hasta ellas, y se
hallaron confusos.
21 Ahora
ciertamente como ellas sois vosotros; Pues habéis visto el tormento,
y teméis.
22 ¿Os he dicho
yo: Traedme, Y pagad por mí de vuestra hacienda;
23 Libradme de
la mano del opresor, Y redimidme del poder de los violentos?
24 Enseñadme, y
yo callaré; Hacedme entender en qué he errado.
25 ¡Cuán
eficaces son las palabras rectas! Pero ¿qué reprende la censura
vuestra?
26 ¿Pensáis
censurar palabras, Y los discursos de un desesperado, que son como
el viento?
27 También os
arrojáis sobre el huérfano, Y caváis un hoyo para vuestro amigo.
28 Ahora, pues,
si queréis, miradme, Y ved si digo mentira delante de vosotros.
29 Volved ahora,
y no haya iniquidad; Volved aún a considerar mi justicia en esto.
30 ¿Hay
iniquidad en mi lengua? ¿Acaso no puede mi paladar discernir las
cosas inicuas?
Job
Capítulo 7
1
¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra, Y sus días
como los días del jornalero?
2 Como el siervo
suspira por la sombra, Y como el jornalero espera el reposo de su
trabajo,
3 Así he
recibido meses de calamidad, Y noches de trabajo me dieron por
cuenta.
4 Cuando estoy
acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga, y estoy
lleno de inquietudes hasta el alba.
5 Mi carne está
vestida de gusanos, y de costras de polvo; Mi piel hendida y
abominable.
6 Y mis días
fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, Y fenecieron sin
esperanza.
7 Acuérdate que
mi vida es un soplo, Y que mis ojos no volverán a ver el bien.
8 Los ojos de
los que me ven, no me verán más; Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de
ser.
9 Como la nube
se desvanece y se va, Así el que desciende al Seol no subirá;
10 No volverá
más a su casa, Ni su lugar le conocerá más.
11 Por tanto, no
refrenaré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu, Y me
quejaré con la amargura de mi alma.
12 ¿Soy yo el
mar, o un monstruo marino, Para que me pongas guarda?
13 Cuando digo:
Me consolará mi lecho, Mi cama atenuará mis quejas;
14 Entonces me
asustas con sueños, Y me aterras con visiones.
15 Y así mi alma
tuvo por mejor la estrangulación, Y quiso la muerte más que mis
huesos.
16 Abomino de mi
vida; no he de vivir para siempre; Déjame, pues, porque mis días son
vanidad.
17 ¿Qué es el
hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu
corazón,
18 Y lo visites
todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?
19 ¿Hasta cuándo
no apartarás de mí tu mirada, Y no me soltarás siquiera hasta que
trague mi saliva?
20 Si he pecado,
¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me pones
por blanco tuyo, Hasta convertirme en una carga para mí mismo?
21 ¿Y por qué no
quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en
el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no existiré.
Job
Capítulo 8
1
Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Hasta cuándo
hablarás tales cosas, Y las palabras de tu boca serán como viento
impetuoso?
3 ¿Acaso torcerá
Dios el derecho, O pervertirá el Todopoderoso la justicia?
4 Si tus hijos
pecaron contra él, El los echó en el lugar de su pecado.
5 Si tú de
mañana buscares a Dios, Y rogares al Todopoderoso;
6 Si fueres
limpio y recto, Ciertamente luego se despertará por ti, Y hará
próspera la morada de tu justicia.
7 Y aunque tu
principio haya sido pequeño, Tu postrer estado será muy grande.
8 Porque
pregunta ahora a las generaciones pasadas, Y disponte para inquirir
a los padres de ellas;
9 Pues nosotros
somos de ayer, y nada sabemos, Siendo nuestros días sobre la tierra
como sombra.
10 ¿No te
enseñarán ellos, te hablarán, Y de su corazón sacarán palabras?
11 ¿Crece el
junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?
12 Aun en su
verdor, y sin haber sido cortado, Con todo, se seca primero que toda
hierba.
13 Tales son los
caminos de todos los que olvidan a Dios; Y la esperanza del impío
perecerá;
14 Porque su
esperanza será cortada, Y su confianza es tela de araña.
15 Se apoyará él
en su casa, mas no permanecerá ella en pie; Se asirá de ella, mas no
resistirá.
16 A manera de
un árbol está verde delante del sol, Y sus renuevos salen sobre su
huerto;
17 Se van
entretejiendo sus raíces junto a una fuente, Y enlazándose hasta un
lugar pedregoso.
18 Si le
arrancaren de su lugar, Este le negará entonces, diciendo: Nunca te
vi.
19 Ciertamente
este será el gozo de su camino; Y del polvo mismo nacerán otros.
20 He aquí, Dios
no aborrece al perfecto, Ni apoya la mano de los malignos.
21 Aún llenará
tu boca de risa, Y tus labios de júbilo.
22 Los que te
aborrecen serán vestidos de confusión; Y la habitación de los impíos
perecerá.
Job
Capítulo 9
1
Respondió Job, y dijo:
2 Ciertamente yo
sé que es así; ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?
3 Si quisiere
contender con él, No le podrá responder a una cosa entre mil.
4 El es sabio de
corazón, y poderoso en fuerzas; ¿Quién se endureció contra él, y le
fue bien?
5 El arranca los
montes con su furor, Y no saben quién los trastornó;
6 El remueve la
tierra de su lugar, Y hace temblar sus columnas;
7 El manda al
sol, y no sale; Y sella las estrellas;
8 El solo
extendió los cielos, Y anda sobre las olas del mar;
9 El hizo la
Osa, el Orión y las Pléyades, Y los lugares secretos del sur;
10 El hace cosas
grandes e incomprensibles, Y maravillosas, sin número.
11 He aquí que
él pasará delante de mí, y yo no lo veré; Pasará, y no lo entenderé.
12 He aquí,
arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá: ¿Qué haces?
13 Dios no
volverá atrás su ira, Y debajo de él se abaten los que ayudan a los
soberbios.
14 ¿Cuánto menos
le responderé yo, Y hablaré con él palabras escogidas?
15 Aunque fuese
yo justo, no respondería; Antes habría de rogar a mi juez.
16 Si yo le
invocara, y él me respondiese, Aún no creeré que haya escuchado mi
voz.
17 Porque me ha
quebrantado con tempestad, Y ha aumentado mis heridas sin causa.
18 No me ha
concedido que tome aliento, Sino que me ha llenado de amarguras.
19 Si habláremos
de su potencia, por cierto es fuerte; Si de juicio, ¿quién me
emplazará?
20 Si yo me
justificare, me condenaría mi boca; Si me dijere perfecto, esto me
haría inicuo.
21 Si fuese
íntegro, no haría caso de mí mismo; Despreciaría mi vida.
22 Una cosa
resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.
23 Si azote mata
de repente, Se ríe del sufrimiento de los inocentes.
24 La tierra es
entregada en manos de los impíos, Y él cubre el rostro de sus
jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?
25 Mis días han
sido más ligeros que un correo; Huyeron, y no vieron el bien.
26 Pasaron cual
naves veloces; Como el águila que se arroja sobre la presa.
27 Si yo dijere:
Olvidaré mi queja, Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,
28 Me turban
todos mis dolores; Sé que no me tendrás por inocente.
29 Yo soy impío;
¿Para qué trabajaré en vano?
30 Aunque me
lave con aguas de nieve, Y limpie mis manos con la limpieza misma,
31 Aún me
hundirás en el hoyo, Y mis propios vestidos me abominarán.
32 Porque no es
hombre como yo, para que yo le responda, Y vengamos juntamente a
juicio.
33 No hay entre
nosotros árbitro Que ponga su mano sobre nosotros dos.
34 Quite de
sobre mí su vara, Y su terror no me espante.
35 Entonces
hablaré, y no le temeré; Porque en este estado no estoy en mí.
Job
Capítulo 10
1
Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja,
Hablaré con amargura de mi alma.
2 Diré a Dios:
No me condenes; Hazme entender por qué contiendes conmigo.
3 ¿Te parece
bien que oprimas, Que deseches la obra de tus manos, Y que
favorezcas los designios de los impíos?
4 ¿Tienes tú
acaso ojos de carne? ¿Ves tú como ve el hombre?
5 ¿Son tus días
como los días del hombre, O tus años como los tiempos humanos,
6 Para que
inquieras mi iniquidad, Y busques mi pecado,
7 Aunque tú
sabes que no soy impío, Y que no hay quien de tu mano me libre?
8 Tus manos me
hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y me deshaces?
9 Acuérdate que
como a barro me diste forma; ¿Y en polvo me has de volver?
10 ¿No me
vaciaste como leche, Y como queso me cuajaste?
11 Me vestiste
de piel y carne, Y me tejiste con huesos y nervios.
12 Vida y
misericordia me concediste, Y tu cuidado guardó mi espíritu.
13 Estas cosas
tienes guardadas en tu corazón; Yo sé que están cerca de ti.
14 Si pequé, tú
me has observado, Y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.
15 Si fuere
malo, ¡ay de mí! Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, Estando
hastiado de deshonra, y de verme afligido.
16 Si mi cabeza
se alzare, cual león tú me cazas; Y vuelves a hacer en mí
maravillas.
17 Renuevas
contra mí tus pruebas, Y aumentas conmigo tu furor como tropas de
relevo.
18 ¿Por qué me
sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría
visto.
19 Fuera como si
nunca hubiera existido, Llevado del vientre a la sepultura.
20 ¿No son pocos
mis días? Cesa, pues, y déjame, para que me consuele un poco,
21 Antes que
vaya para no volver, A la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
22 Tierra de
oscuridad, lóbrega, Como sombra de muerte y sin orden, Y cuya luz es
como densas tinieblas.
Job
Capítulo 11
1
Respondió Zofar naamatita, y dijo:
2 ¿Las muchas
palabras no han de tener respuesta? ¿Y el hombre que habla mucho
será justificado?
3 ¿Harán tus
falacias callar a los hombres? ¿Harás escarnio y no habrá quien te
averg:uence?
4 Tú dices: Mi
doctrina es pura, Y yo soy limpio delante de tus ojos.
5 Mas ¡oh, quién
diera que Dios hablara, Y abriera sus labios contigo,
6 Y te declarara
los secretos de la sabiduría, Que son de doble valor que las
riquezas! Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos de lo
que tu iniquidad merece.
7 ¿Descubrirás
tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del
Todopoderoso?
8 Es más alta
que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la
conocerás?
9 Su dimensión
es más extensa que la tierra, Y más ancha que el mar.
10 Si él pasa, y
aprisiona, y llama a juicio, ¿Quién podrá contrarrestarle?
11 Porque él
conoce a los hombres vanos; Ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará
caso?
12 El hombre
vano se hará entendido, Cuando un pollino de asno montés nazca
hombre.
13 Si tú
dispusieres tu corazón, Y extendieres a él tus manos;
14 Si alguna
iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, Y no consintieres
que more en tu casa la injusticia,
15 Entonces
levantarás tu rostro limpio de mancha, Y serás fuerte, y nada
temerás;
16 Y olvidarás
tu miseria, O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.
17 La vida te
será más clara que el mediodía; Aunque oscureciere, será como la
mañana.
18 Tendrás
confianza, porque hay esperanza; Mirarás alrededor, y dormirás
seguro.
19 Te acostarás,
y no habrá quien te espante; Y muchos suplicarán tu favor.
20 Pero los ojos
de los malos se consumirán, Y no tendrán refugio; Y su esperanza
será dar su último suspiro.
Job
Capítulo 12
1
Respondió entonces Job, diciendo:
2 Ciertamente
vosotros sois el pueblo, Y con vosotros morirá la sabiduría.
3 También tengo
yo entendimiento como vosotros; No soy yo menos que vosotros; ¿Y
quién habrá que no pueda decir otro tanto?
4 Yo soy uno de
quien su amigo se mofa, Que invoca a Dios, y él le responde; Con
todo, el justo y perfecto es escarnecido.
5 Aquel cuyos
pies van a resbalar Es como una lámpara despreciada de aquel que
está a sus anchas.
6 Prosperan las
tiendas de los ladrones, Y los que provocan a Dios viven seguros, En
cuyas manos él ha puesto cuanto tienen.
7 Y en efecto,
pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; A las aves de
los cielos, y ellas te lo mostrarán;
8 O habla a la
tierra, y ella te enseñará; Los peces del mar te lo declararán
también.
9 ¿Qué cosa de
todas estas no entiende Que la mano de Jehová la hizo?
10 En su mano
está el alma de todo viviente, Y el hálito de todo el género humano.
11 Ciertamente
el oído distingue las palabras, Y el paladar gusta las viandas.
12 En los
ancianos está la ciencia, Y en la larga edad la inteligencia.
13 Con Dios está
la sabiduría y el poder; Suyo es el consejo y la inteligencia.
14 Si él
derriba, no hay quien edifique; Encerrará al hombre, y no habrá
quien le abra.
15 Si él detiene
las aguas, todo se seca; Si las envía, destruyen la tierra.
16 Con él está
el poder y la sabiduría; Suyo es el que yerra, y el que hace errar.
17 El hace andar
despojados de consejo a los consejeros, Y entontece a los jueces.
18 El rompe las
cadenas de los tiranos, Y les ata una soga a sus lomos.
19 El lleva
despojados a los príncipes, Y trastorna a los poderosos.
20 Priva del
habla a los que dicen verdad, Y quita a los ancianos el consejo.
21 El derrama
menosprecio sobre los príncipes, Y desata el cinto de los fuertes.
22 El descubre
las profundidades de las tinieblas, Y saca a luz la sombra de
muerte.
23 El multiplica
las naciones, y él las destruye; Esparce a las naciones, y las
vuelve a reunir.
24 El quita el
entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra, Y los hace vagar
como por un yermo sin camino.
25 Van a
tientas, como en tinieblas y sin luz, Y los hace errar como
borrachos.
Job
Capítulo 13
1
He aquí que todas estas cosas han visto mis ojos, Y oído y entendido
mis oídos.
2 Como vosotros
lo sabéis, lo sé yo; No soy menos que vosotros.
3 Mas yo
hablaría con el Todopoderoso, Y querría razonar con Dios.
4 Porque
ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; Sois todos
vosotros médicos nulos.
5 Ojalá
callarais por completo, Porque esto os fuera sabiduría.
6 Oíd ahora mi
razonamiento, Y estad atentos a los argumentos de mis labios.
7 ¿Hablaréis
iniquidad por Dios? ¿Hablaréis por él engaño?
8 ¿Haréis
acepción de personas a su favor? ¿Contenderéis vosotros por Dios?
9 ¿Sería bueno
que él os escudriñase? ¿Os burlaréis de él como quien se burla de
algún hombre?
10 El os
reprochará de seguro, Si solapadamente hacéis acepción de personas.
11 De cierto su
alteza os habría de espantar, Y su pavor habría de caer sobre
vosotros.
12 Vuestras
máximas son refranes de ceniza, Y vuestros baluartes son baluartes
de lodo.
13 Escuchadme, y
hablaré yo, Y que me venga después lo que viniere.
14 ¿Por qué
quitaré yo mi carne con mis dientes, Y tomaré mi vida en mi mano?
15 He aquí,
aunque él me matare, en él esperaré; No obstante, defenderé delante
de él mis caminos,
16 Y él mismo
será mi salvación, Porque no entrará en su presencia el impío.
17 Oíd con
atención mi razonamiento, Y mi declaración entre en vuestros oídos.
18 He aquí
ahora, si yo expusiere mi causa, Sé que seré justificado.
19 ¿Quién es el
que contenderá conmigo? Porque si ahora yo callara, moriría.
20 A lo menos
dos cosas no hagas conmigo; Entonces no me esconderé de tu rostro:
21 Aparta de mí
tu mano, Y no me asombre tu terror.
22 Llama luego,
y yo responderé; O yo hablaré, y respóndeme tú.
23 ¿Cuántas
iniquidades y pecados tengo yo? Hazme entender mi transgresión y mi
pecado.
24 ¿Por qué
escondes tu rostro, Y me cuentas por tu enemigo?
25 ¿A la hoja
arrebatada has de quebrantar, Y a una paja seca has de perseguir?
26 ¿Por qué
escribes contra mí amarguras, Y me haces cargo de los pecados de mi
juventud?
27 Pones además
mis pies en el cepo, y observas todos mis caminos, Trazando un
límite para las plantas de mis pies.
28 Y mi cuerpo
se va gastando como de carcoma, Como vestido que roe la polilla.
Job
Capítulo 14
1
El hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sinsabores,
2 Sale como una
flor y es cortado, Y huye como la sombra y no permanece.
3 ¿Sobre éste
abres tus ojos, Y me traes a juicio contigo?
4 ¿Quién hará
limpio a lo inmundo? Nadie.
5 Ciertamente
sus días están determinados, Y el número de sus meses está cerca de
ti; Le pusiste límites, de los cuales no pasará.
6 Si tú lo
abandonares, él dejará de ser; Entre tanto deseará, como el
jornalero, su día.
7 Porque si el
árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus
renuevos no faltarán.
8 Si se
envejeciere en la tierra su raíz, Y su tronco fuere muerto en el
polvo,
9 Al percibir el
agua reverdecerá, Y hará copa como planta nueva.
10 Mas el hombre
morirá, y será cortado; Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?
11 Como las
aguas se van del mar, Y el río se agota y se seca,
12 Así el hombre
yace y no vuelve a levantarse; Hasta que no haya cielo, no
despertarán, Ni se levantarán de su sueño.
13 ¡Oh, quién me
diera que me escondieses en el Seol, Que me encubrieses hasta
apaciguarse tu ira, Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!
14 Si el hombre
muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta
que venga mi liberación.
15 Entonces
llamarás, y yo te responderé; Tendrás afecto a la hechura de tus
manos.
16 Pero ahora me
cuentas los pasos, Y no das tregua a mi pecado;
17 Tienes
sellada en saco mi prevaricación, Y tienes cosida mi iniquidad.
18 Ciertamente
el monte que cae se deshace, Y las peñas son removidas de su lugar;
19 Las piedras
se desgastan con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la
tierra; De igual manera haces tú perecer la esperanza del hombre.
20 Para siempre
serás más fuerte que él, y él se va; Demudarás su rostro, y le
despedirás.
21 Sus hijos
tendrán honores, pero él no lo sabrá; O serán humillados, y no
entenderá de ello.
22 Mas su carne
sobre él se dolerá, Y se entristecerá en él su alma.
Job
Capítulo 15
1
Respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 ¿Proferirá el
sabio vana sabiduría, Y llenará su vientre de viento solano?
3 ¿Disputará con
palabras inútiles, Y con razones sin provecho?
4 Tú también
disipas el temor, Y menoscabas la oración delante de Dios.
5 Porque tu boca
declaró tu iniquidad, Pues has escogido el hablar de los astutos.
6 Tu boca te
condenará, y no yo; Y tus labios testificarán contra ti.
7 ¿Naciste tú
primero que Adán? ¿O fuiste formado antes que los collados?
8 ¿Oíste tú el
secreto de Dios, Y está limitada a ti la sabiduría?
9 ¿Qué sabes tú
que no sepamos? ¿Qué entiendes tú que no se halle en nosotros?
10 Cabezas canas
y hombres muy ancianos hay entre nosotros, Mucho más avanzados en
días que tu padre.
11 ¿En tan poco
tienes las consolaciones de Dios, Y las palabras que con dulzura se
te dicen?
12 ¿Por qué tu
corazón te aleja, Y por qué guiñan tus ojos,
13 Para que
contra Dios vuelvas tu espíritu, Y saques tales palabras de tu boca?
14 ¿Qué cosa es
el hombre para que sea limpio, Y para que se justifique el nacido de
mujer?
15 He aquí, en
sus santos no confía, Y ni aun los cielos son limpios delante de sus
ojos;
16 ¿Cuánto menos
el hombre abominable y vil, Que bebe la iniquidad como agua?
17 Escúchame; yo
te mostraré, Y te contaré lo que he visto;
18 Lo que los
sabios nos contaron De sus padres, y no lo encubrieron;
19 A quienes
únicamente fue dada la tierra, Y no pasó extraño por en medio de
ellos.
20 Todos sus
días, el impío es atormentado de dolor, Y el número de sus años está
escondido para el violento.
21 Estruendos
espantosos hay en sus oídos; En la prosperidad el asolador vendrá
sobre él.
22 El no cree
que volverá de las tinieblas, Y descubierto está para la espada.
23 Vaga
alrededor tras el pan, diciendo: ¿En dónde está? Sabe que le está
preparado día de tinieblas.
24 Tribulación y
angustia le turbarán, Y se esforzarán contra él como un rey
dispuesto para la batalla,
25 Por cuanto él
extendió su mano contra Dios, Y se portó con soberbia contra el
Todopoderoso.
26 Corrió contra
él con cuello erguido, Con la espesa barrera de sus escudos.
27 Porque la
gordura cubrió su rostro, E hizo pliegues sobre sus ijares;
28 Y habitó las
ciudades asoladas, Las casas inhabitadas, Que estaban en ruinas.
29 No
prosperará, ni durarán sus riquezas, Ni extenderá por la tierra su
hermosura.
30 No escapará
de las tinieblas; La llama secará sus ramas, Y con el aliento de su
boca perecerá.
31 No confíe el
iluso en la vanidad, Porque ella será su recompensa.
32 El será
cortado antes de su tiempo, Y sus renuevos no reverdecerán.
33 Perderá su
agraz como la vid, Y derramará su flor como el olivo.
34 Porque la
congregación de los impíos será asolada, Y fuego consumirá las
tiendas de soborno.
35 Concibieron
dolor, dieron a luz iniquidad, Y en sus entrañas traman engaño.
Job
Capítulo 16
1
Respondió Job, y dijo:
2 Muchas veces
he oído cosas como estas; Consoladores molestos sois todos vosotros.
3 ¿Tendrán fin
las palabras vacías? ¿O qué te anima a responder?
4 También yo
podría hablar como vosotros, Si vuestra alma estuviera en lugar de
la mía; Yo podría hilvanar contra vosotros palabras, Y sobre
vosotros mover mi cabeza.
5 Pero yo os
alentaría con mis palabras, Y la consolación de mis labios
apaciguaría vuestro dolor.
6 Si hablo, mi
dolor no cesa; Y si dejo de hablar, no se aparta de mí.
7 Pero ahora tú
me has fatigado; Has asolado toda mi compañía.
8 Tú me has
llenado de arrugas; testigo es mi flacura, Que se levanta contra mí
para testificar en mi rostro.
9 Su furor me
despedazó, y me ha sido contrario; Crujió sus dientes contra mí;
Contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.
10 Abrieron
contra mí su boca; Hirieron mis mejillas con afrenta; Contra mí se
juntaron todos.
11 Me ha
entregado Dios al mentiroso, Y en las manos de los impíos me hizo
caer.
12 Próspero
estaba, y me desmenuzó; Me arrebató por la cerviz y me despedazó, Y
me puso por blanco suyo.
13 Me rodearon
sus flecheros, Partió mis riñones, y no perdonó; Mi hiel derramó por
tierra.
14 Me quebrantó
de quebranto en quebranto; Corrió contra mí como un gigante.
15 Cosí cilicio
sobre mi piel, Y puse mi cabeza en el polvo.
16 Mi rostro
está inflamado con el lloro, Y mis párpados entenebrecidos,
17 A pesar de no
haber iniquidad en mis manos, Y de haber sido mi oración pura.
18 ¡Oh tierra!
no cubras mi sangre, Y no haya lugar para mi clamor.
19 Mas he aquí
que en los cielos está mi testigo, Y mi testimonio en las alturas.
20 Disputadores
son mis amigos; Mas ante Dios derramaré mis lágrimas.
21 ¡Ojalá
pudiese disputar el hombre con Dios, Como con su prójimo!
22 Mas los años
contados vendrán, Y yo iré por el camino de donde no volveré.
Job
Capítulo 17
1
Mi aliento se agota, se acortan mis días, Y me está preparado el
sepulcro.
2 No hay conmigo
sino escarnecedores, En cuya amargura se detienen mis ojos.
3 Dame fianza,
oh Dios; sea mi protección cerca de ti. Porque ¿quién querría
responder por mí?
4 Porque a éstos
has escondido de su corazón la inteligencia; Por tanto, no los
exaltarás.
5 Al que
denuncia a sus amigos como presa, Los ojos de sus hijos
desfallecerán.
6 El me ha
puesto por refrán de pueblos, Y delante de ellos he sido como
tamboril.
7 Mis ojos se
oscurecieron por el dolor, Y mis pensamientos todos son como sombra.
8 Los rectos se
maravillarán de esto, Y el inocente se levantará contra el impío.
9 No obstante,
proseguirá el justo su camino, Y el limpio de manos aumentará la
fuerza.
10 Pero volved
todos vosotros, y venid ahora, Y no hallaré entre vosotros sabio.
11 Pasaron mis
días, fueron arrancados mis pensamientos, Los designios de mi
corazón.
12 Pusieron la
noche por día, Y la luz se acorta delante de las tinieblas.
13 Si yo espero,
el Seol es mi casa; Haré mi cama en las tinieblas.
14 A la
corrupción he dicho: Mi padre eres tú; A los gusanos: Mi madre y mi
hermana.
15 ¿Dónde, pues,
estará ahora mi esperanza? Y mi esperanza, ¿quién la verá?
16 A la
profundidad del Seol descenderán, Y juntamente descansarán en el
polvo.
Job
Capítulo 18
1
Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Cuándo
pondréis fin a las palabras? Entended, y después hablemos.
3 ¿Por qué somos
tenidos por bestias, Y a vuestros ojos somos viles?
4 Oh tú, que te
despedazas en tu furor, ¿Será abandonada la tierra por tu causa, Y
serán removidas de su lugar las peñas?
5 Ciertamente la
luz de los impíos será apagada, Y no resplandecerá la centella de su
fuego.
6 La luz se
oscurecerá en su tienda, Y se apagará sobre él su lámpara.
7 Sus pasos
vigorosos serán acortados, Y su mismo consejo lo precipitará.
8 Porque red
será echada a sus pies, Y sobre mallas andará.
9 Lazo prenderá
su calcañar; Se afirmará la trampa contra él.
10 Su cuerda
está escondida en la tierra, Y una trampa le aguarda en la senda.
11 De todas
partes lo asombrarán temores, Y le harán huir desconcertado.
12 Serán
gastadas de hambre sus fuerzas, Y a su lado estará preparado
quebrantamiento.
13 La enfermedad
roerá su piel, Y a sus miembros devorará el primogénito de la
muerte.
14 Su confianza
será arrancada de su tienda, Y al rey de los espantos será
conducido.
15 En su tienda
morará como si no fuese suya; Piedra de azufre será esparcida sobre
su morada.
16 Abajo se
secarán sus raíces, Y arriba serán cortadas sus ramas.
17 Su memoria
perecerá de la tierra, Y no tendrá nombre por las calles.
18 De la luz
será lanzado a las tinieblas, Y echado fuera del mundo.
19 No tendrá
hijo ni nieto en su pueblo, Ni quien le suceda en sus moradas.
20 Sobre su día
se espantarán los de occidente, Y pavor caerá sobre los de oriente.
21 Ciertamente
tales son las moradas del impío, Y este será el lugar del que no
conoció a Dios.
Job
Capítulo 19
1
Respondió entonces Job, y dijo:
2 ¿Hasta cuándo
angustiaréis mi alma, Y me moleréis con palabras?
3 Ya me habéis
vituperado diez veces; ¿No os avergonzáis de injuriarme?
4 Aun siendo
verdad que yo haya errado, Sobre mí recaería mi error.
5 Pero si
vosotros os engrandecéis contra mí, Y contra mí alegáis mi oprobio,
6 Sabed ahora
que Dios me ha derribado, Y me ha envuelto en su red.
7 He aquí, yo
clamaré agravio, y no seré oído; Daré voces, y no habrá juicio.
8 Cercó de
vallado mi camino, y no pasaré; Y sobre mis veredas puso tinieblas.
9 Me ha
despojado de mi gloria, Y quitado la corona de mi cabeza.
10 Me arruinó
por todos lados, y perezco; Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol
arrancado.
11 Hizo arder
contra mí su furor, Y me contó para sí entre sus enemigos.
12 Vinieron sus
ejércitos a una, y se atrincheraron en mí, Y acamparon en derredor
de mi tienda.
13 Hizo alejar
de mí a mis hermanos, Y mis conocidos como extraños se apartaron de
mí.
14 Mis parientes
se detuvieron, Y mis conocidos se olvidaron de mí.
15 Los moradores
de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño; Forastero fui yo a
sus ojos.
16 Llamé a mi
siervo, y no respondió; De mi propia boca le suplicaba.
17 Mi aliento
vino a ser extraño a mi mujer, Aunque por los hijos de mis entrañas
le rogaba.
18 Aun los
muchachos me menospreciaron; Al levantarme, hablaban contra mí.
19 Todos mis
íntimos amigos me aborrecieron, Y los que yo amaba se volvieron
contra mí.
20 Mi piel y mi
carne se pegaron a mis huesos, Y he escapado con sólo la piel de mis
dientes.
21 ¡Oh, vosotros
mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí! Porque la
mano de Dios me ha tocado.
22 ¿Por qué me
perseguís como Dios, Y ni aun de mi carne os saciáis?
23 ¡Quién diese
ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se
escribiesen en un libro;
24 Que con
cincel de hierro y con plomo Fuesen esculpidas en piedra para
siempre!
25 Yo sé que mi
Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo;
26 Y después de
deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios;
27 Al cual veré
por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón
desfallece dentro de mí.
28 Mas debierais
decir: ¿Por qué le perseguimos? Ya que la raíz del asunto se halla
en mí.
29 Temed
vosotros delante de la espada; Porque sobreviene el furor de la
espada a causa de las injusticias, Para que sepáis que hay un
juicio.
Job
Capítulo 20
1
Respondió Zofar naamatita, y dijo:
2 Por cierto mis
pensamientos me hacen responder, Y por tanto me apresuro.
3 La reprensión
de mi censura he oído, Y me hace responder el espíritu de mi
inteligencia.
4 ¿No sabes
esto, que así fue siempre, Desde el tiempo que fue puesto el hombre
sobre la tierra,
5 Que la alegría
de los malos es breve, Y el gozo del impío por un momento?
6 Aunque subiere
su altivez hasta el cielo, Y su cabeza tocare en las nubes,
7 Como su
estiércol, perecerá para siempre; Los que le hubieren visto dirán:
¿Qué hay de él?
8 Como sueño
volará, y no será hallado, Y se disipará como visión nocturna.
9 El ojo que le
veía, nunca más le verá, Ni su lugar le conocerá más.
10 Sus hijos
solicitarán el favor de los pobres, Y sus manos devolverán lo que él
robó.
11 Sus huesos
están llenos de su juventud, Mas con él en el polvo yacerán.
12 Si el mal se
endulzó en su boca, Si lo ocultaba debajo de su lengua,
13 Si le parecía
bien, y no lo dejaba, Sino que lo detenía en su paladar;
14 Su comida se
mudará en sus entrañas; Hiel de áspides será dentro de él.
15 Devoró
riquezas, pero las vomitará; De su vientre las sacará Dios.
16 Veneno de
áspides chupará; Lo matará lengua de víbora.
17 No verá los
arroyos, los ríos, Los torrentes de miel y de leche.
18 Restituirá el
trabajo conforme a los bienes que tomó, Y no los tragará ni gozará.
19 Por cuanto
quebrantó y desamparó a los pobres, Robó casas, y no las edificó;
20 Por tanto, no
tendrá sosiego en su vientre, Ni salvará nada de lo que codiciaba.
21 No quedó nada
que no comiese; Por tanto, su bienestar no será duradero.
22 En el colmo
de su abundancia padecerá estrechez; La mano de todos los malvados
vendrá sobre él.
23 Cuando se
pusiere a llenar su vientre, Dios enviará sobre él el ardor de su
ira, Y la hará llover sobre él y sobre su comida.
24 Huirá de las
armas de hierro, Y el arco de bronce le atravesará.
25 La saeta le
traspasará y saldrá de su cuerpo, Y la punta relumbrante saldrá por
su hiel; Sobre él vendrán terrores.
26 Todas las
tinieblas están reservadas para sus tesoros; Fuego no atizado los
consumirá; Devorará lo que quede en su tienda.
27 Los cielos
descubrirán su iniquidad, Y la tierra se levantará contra él.
28 Los renuevos
de su casa serán transportados; Serán esparcidos en el día de su
furor.
29 Esta es la
porción que Dios prepara al hombre impío, Y la heredad que Dios le
señala por su palabra.
Job
Capítulo 21
1
Entonces respondió Job, y dijo:
2 Oíd
atentamente mi palabra, Y sea esto el consuelo que me deis.
3 Toleradme, y
yo hablaré; Y después que haya hablado, escarneced.
4 ¿Acaso me
quejo yo de algún hombre? ¿Y por qué no se ha de angustiar mi
espíritu?
5 Miradme, y
espantaos, Y poned la mano sobre la boca.
6 Aun yo mismo,
cuando me acuerdo, me asombro, Y el temblor estremece mi carne.
7 ¿Por qué viven
los impíos, Y se envejecen, y aun crecen en riquezas?
8 Su
descendencia se robustece a su vista, Y sus renuevos están delante
de sus ojos.
9 Sus casas
están a salvo de temor, Ni viene azote de Dios sobre ellos.
10 Sus toros
engendran, y no fallan; Paren sus vacas, y no malogran su cría.
11 Salen sus
pequeñuelos como manada, Y sus hijos andan saltando.
12 Al son de
tamboril y de cítara saltan, Y se regocijan al son de la flauta.
13 Pasan sus
días en prosperidad, Y en paz descienden al Seol.
14 Dicen, pues,
a Dios: Apártate de nosotros, Porque no queremos el conocimiento de
tus caminos.
15 ¿Quién es el
Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que
oremos a él?
16 He aquí que
su bien no está en mano de ellos; El consejo de los impíos lejos
esté de mí.
17 ¡Oh, cuántas
veces la lámpara de los impíos es apagada, Y viene sobre ellos su
quebranto, Y Dios en su ira les reparte dolores!
18 Serán como la
paja delante del viento, Y como el tamo que arrebata el torbellino.
19 Dios guardará
para los hijos de ellos su violencia; Le dará su pago, para que
conozca.
20 Verán sus
ojos su quebranto, Y beberá de la ira del Todopoderoso.
21 Porque ¿qué
deleite tendrá él de su casa después de sí, Siendo cortado el número
de sus meses?
22 ¿Enseñará
alguien a Dios sabiduría, Juzgando él a los que están elevados?
23 Este morirá
en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico;
24 Sus vasijas
estarán llenas de leche, Y sus huesos serán regados de tuétano.
25 Y este otro
morirá en amargura de ánimo, Y sin haber comido jamás con gusto.
26 Igualmente
yacerán ellos en el polvo, Y gusanos los cubrirán.
27 He aquí, yo
conozco vuestros pensamientos, Y las imaginaciones que contra mí
forjáis.
28 Porque decís:
¿Qué hay de la casa del príncipe, Y qué de la tienda de las moradas
de los impíos?
29 ¿No habéis
preguntado a los que pasan por los caminos, Y no habéis conocido su
respuesta,
30 Que el malo
es preservado en el día de la destrucción? Guardado será en el día
de la ira.
31 ¿Quién le
denunciará en su cara su camino? Y de lo que él hizo, ¿quién le dará
el pago?
32 Porque
llevado será a los sepulcros, Y sobre su túmulo estarán velando.
33 Los terrones
del valle le serán dulces; Tras de él será llevado todo hombre, Y
antes de él han ido innumerables.
34 ¿Cómo, pues,
me consoláis en vano, Viniendo a parar vuestras respuestas en
falacia?
Job
Capítulo 22
1
Respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 ¿Traerá el
hombre provecho a Dios? Al contrario, para sí mismo es provechoso el
hombre sabio.
3 ¿Tiene
contentamiento el Omnipotente en que tú seas justificado, O provecho
de que tú hagas perfectos tus caminos?
4 ¿Acaso te
castiga, O viene a juicio contigo, a causa de tu piedad?
5 Por cierto tu
malicia es grande, Y tus maldades no tienen fin.
6 Porque sacaste
prenda a tus hermanos sin causa, Y despojaste de sus ropas a los
desnudos.
7 No diste de
beber agua al cansado, Y detuviste el pan al hambriento.
8 Pero el hombre
pudiente tuvo la tierra, Y habitó en ella el distinguido.
9 A las viudas
enviaste vacías, Y los brazos de los huérfanos fueron quebrados.
10 Por tanto,
hay lazos alrededor de ti, Y te turba espanto repentino;
11 O tinieblas,
para que no veas, Y abundancia de agua te cubre.
12 ¿No está Dios
en la altura de los cielos? Mira lo encumbrado de las estrellas,
cuán elevadas están.
13 ¿Y dirás tú:
¿Qué sabe Dios? ¿Cómo juzgará a través de la oscuridad?
14 Las nubes le
rodearon, y no ve; Y por el circuito del cielo se pasea.
15 ¿Quieres tú
seguir la senda antigua Que pisaron los hombres perversos,
16 Los cuales
fueron cortados antes de tiempo, Cuyo fundamento fue como un río
derramado?
17 Decían a
Dios: Apártate de nosotros. ¿Y qué les había hecho el Omnipotente?
18 Les había
colmado de bienes sus casas. Pero sea el consejo de ellos lejos de
mí.
19 Verán los
justos y se gozarán; Y el inocente los escarnecerá, diciendo:
20 Fueron
destruidos nuestros adversarios, Y el fuego consumió lo que de ellos
quedó.
21 Vuelve ahora
en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien.
22 Toma ahora la
ley de su boca, Y pon sus palabras en tu corazón.
23 Si te
volvieres al Omnipotente, serás edificado; Alejarás de tu tienda la
aflicción;
24 Tendrás más
oro que tierra, Y como piedras de arroyos oro de Ofir;
25 El
Todopoderoso será tu defensa, Y tendrás plata en abundancia.
26 Porque
entonces te deleitarás en el Omnipotente, Y alzarás a Dios tu
rostro.
27 Orarás a él,
y él te oirá; Y tú pagarás tus votos.
28 Determinarás
asimismo una cosa, y te será firme, Y sobre tus caminos
resplandecerá luz.
29 Cuando fueren
abatidos, dirás tú: Enaltecimiento habrá; Y Dios salvará al humilde
de ojos.
30 El libertará
al inocente, Y por la limpieza de tus manos éste será librado.
Job
Capítulo 23
1
Respondió Job, y dijo:
2 Hoy también
hablaré con amargura; Porque es más grave mi llaga que mi gemido.
3 ¡Quién me
diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla.
4 Expondría mi
causa delante de él, Y llenaría mi boca de argumentos.
5 Yo sabría lo
que él me respondiese, Y entendería lo que me dijera.
6 ¿Contendería
conmigo con grandeza de fuerza? No; antes él me atendería.
7 Allí el justo
razonaría con él; Y yo escaparía para siempre de mi juez.
8 He aquí yo iré
al oriente, y no lo hallaré; Y al occidente, y no lo percibiré;
9 Si muestra su
poder al norte, yo no lo veré; Al sur se esconderá, y no lo veré.
10 Mas él conoce
mi camino; Me probará, y saldré como oro.
11 Mis pies han
seguido sus pisadas; Guardé su camino, y no me aparté.
12 Del
mandamiento de sus labios nunca me separé; Guardé las palabras de su
boca más que mi comida.
13 Pero si él
determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo.
14 El, pues,
acabará lo que ha determinado de mí; Y muchas cosas como estas hay
en él.
15 Por lo cual
yo me espanto en su presencia; Cuando lo considero, tiemblo a causa
de él.
16 Dios ha
enervado mi corazón, Y me ha turbado el Omnipotente.
17 ¿Por qué no
fui yo cortado delante de las tinieblas, Ni fue cubierto con
oscuridad mi rostro?
Job
Capítulo 24
1
Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, ¿Por qué los
que le conocen no ven sus días?
2 Traspasan los
linderos, Roban los ganados, y los apacientan.
3 Se llevan el
asno de los huérfanos, Y toman en prenda el buey de la viuda.
4 Hacen apartar
del camino a los menesterosos, Y todos los pobres de la tierra se
esconden.
5 He aquí, como
asnos monteses en el desierto, Salen a su obra madrugando para
robar; El desierto es mantenimiento de sus hijos.
6 En el campo
siegan su pasto, Y los impíos vendimian la viña ajena.
7 Al desnudo
hacen dormir sin ropa, Sin tener cobertura contra el frío.
8 Con las
lluvias de los montes se mojan, Y abrazan las peñas por falta de
abrigo.
9 Quitan el
pecho a los huérfanos, Y de sobre el pobre toman la prenda.
10 Al desnudo
hacen andar sin vestido, Y a los hambrientos quitan las gavillas.
11 Dentro de sus
paredes exprimen el aceite, Pisan los lagares, y mueren de sed.
12 Desde la
ciudad gimen los moribundos, Y claman las almas de los heridos de
muerte, Pero Dios no atiende su oración.
13 Ellos son los
que, rebeldes a la luz, Nunca conocieron sus caminos, Ni estuvieron
en sus veredas.
14 A la luz se
levanta el matador; mata al pobre y al necesitado, Y de noche es
como ladrón.
15 El ojo del
adúltero está aguardando la noche, Diciendo: No me verá nadie; Y
esconde su rostro.
16 En las
tinieblas minan las casas Que de día para sí señalaron; No conocen
la luz.
17 Porque la
mañana es para todos ellos como sombra de muerte; Si son conocidos,
terrores de sombra de muerte los toman.
18 Huyen ligeros
como corriente de aguas; Su porción es maldita en la tierra; No
andarán por el camino de las viñas.
19 La sequía y
el calor arrebatan las aguas de la nieve; Así también el Seol a los
pecadores.
20 Los olvidará
el seno materno; de ellos sentirán los gusanos dulzura; Nunca más
habrá de ellos memoria, Y como un árbol los impíos serán
quebrantados.
21 A la mujer
estéril, que no concebía, afligió, Y a la viuda nunca hizo bien.
22 Pero a los
fuertes adelantó con su poder; Una vez que se levante, ninguno está
seguro de la vida.
23 El les da
seguridad y confianza; Sus ojos están sobre los caminos de ellos.
24 Fueron
exaltados un poco, mas desaparecen, Y son abatidos como todos los
demás; Serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.
25 Y si no,
¿quién me desmentirá ahora, O reducirá a nada mis palabras?
Job
Capítulo 25
1
Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 El señorío y
el temor están con él; El hace paz en sus alturas.
3 ¿Tienen sus
ejércitos número? ¿Sobre quién no está su luz?
4 ¿Cómo, pues,
se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que
nace de mujer?
5 He aquí que ni
aun la misma luna será resplandeciente, Ni las estrellas son limpias
delante de sus ojos;
6 ¿Cuánto menos
el hombre, que es un gusano, Y el hijo de hombre, también gusano?
Job
Capítulo 26
1
Respondió Job, y dijo:
2 ¿En qué
ayudaste al que no tiene poder? ¿Cómo has amparado al brazo sin
fuerza?
3 ¿En qué
aconsejaste al que no tiene ciencia, Y qué plenitud de inteligencia
has dado a conocer?
4 ¿A quién has
anunciado palabras, Y de quién es el espíritu que de ti procede?
5 Las sombras
tiemblan en lo profundo, Los mares y cuanto en ellos mora.
6 El Seol está
descubierto delante de él, y el Abadón no tiene cobertura.
7 El extiende el
norte sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada.
8 Ata las aguas
en sus nubes, Y las nubes no se rompen debajo de ellas.
9 El encubre la
faz de su trono, Y sobre él extiende su nube.
10 Puso límite a
la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas.
11 Las columnas
del cielo tiemblan, Y se espantan a su reprensión.
12 El agita el
mar con su poder, Y con su entendimiento hiere la arrogancia suya.
13 Su espíritu
adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa.
14 He aquí,
estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el
susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo
puede comprender?
Job
Capítulo 27
1
Reasumió Job su discurso, y dijo:
2 Vive Dios, que
ha quitado mi derecho, Y el Omnipotente, que amargó el alma mía,
3 Que todo el
tiempo que mi alma esté en mí, Y haya hálito de Dios en mis narices,
4 Mis labios no
hablarán iniquidad, Ni mi lengua pronunciará engaño.
5 Nunca tal
acontezca que yo os justifique; Hasta que muera, no quitaré de mí mi
integridad.
6 Mi justicia
tengo asida, y no la cederé; No me reprochará mi corazón en todos
mis días.
7 Sea como el
impío mi enemigo, Y como el inicuo mi adversario.
8 Porque ¿cuál
es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado, Cuando Dios
le quitare la vida?
9 ¿Oirá Dios su
clamor Cuando la tribulación viniere sobre él?
10 ¿Se deleitará
en el Omnipotente? ¿Invocará a Dios en todo tiempo?
11 Yo os
enseñaré en cuanto a la mano de Dios; No esconderé lo que hay para
con el Omnipotente.
12 He aquí que
todos vosotros lo habéis visto; ¿Por qué, pues, os habéis hecho tan
enteramente vanos?
13 Esta es para
con Dios la porción del hombre impío, Y la herencia que los
violentos han de recibir del Omnipotente:
14 Si sus hijos
fueren multiplicados, serán para la espada; Y sus pequeños no se
saciarán de pan.
15 Los que de él
quedaren, en muerte serán sepultados, Y no los llorarán sus viudas.
16 Aunque
amontone plata como polvo, Y prepare ropa como lodo;
17 La habrá
preparado él, mas el justo se vestirá, Y el inocente repartirá la
plata.
18 Edificó su
casa como la polilla, Y como enramada que hizo el guarda.
19 Rico se
acuesta, pero por última vez; Abrirá sus ojos, y nada tendrá.
20 Se apoderarán
de él terrores como aguas; Torbellino lo arrebatará de noche.
21 Le eleva el
solano, y se va; Y tempestad lo arrebatará de su lugar.
22 Dios, pues,
descargará sobre él, y no perdonará; Hará él por huir de su mano.
23 Batirán las
manos sobre él, Y desde su lugar le silbarán.
Job
Capítulo 28
1
Ciertamente la plata tiene sus veneros, Y el oro lugar donde se
refina.
2 El hierro se
saca del polvo, Y de la piedra se funde el cobre.
3 A las
tinieblas ponen término, Y examinan todo a la perfección, Las
piedras que hay en oscuridad y en sombra de muerte.
4 Abren minas
lejos de lo habitado, En lugares olvidados, donde el pie no pasa.
Son suspendidos y balanceados, lejos de los demás hombres.
5 De la tierra
nace el pan, Y debajo de ella está como convertida en fuego.
6 Lugar hay
cuyas piedras son zafiro, Y sus polvos de oro.
7 Senda que
nunca la conoció ave, Ni ojo de buitre la vio;
8 Nunca la
pisaron animales fieros, Ni león pasó por ella.
9 En el pedernal
puso su mano, Y trastornó de raíz los montes.
10 De los
peñascos cortó ríos, Y sus ojos vieron todo lo preciado.
11 Detuvo los
ríos en su nacimiento, E hizo salir a luz lo escondido.
12 Mas ¿dónde se
hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?
13 No conoce su
valor el hombre, Ni se halla en la tierra de los vivientes.
14 El abismo
dice: No está en mí; Y el mar dijo: Ni conmigo.
15 No se dará
por oro, Ni su precio será a peso de plata.
16 No puede ser
apreciada con oro de Ofir, Ni con ónice precioso, ni con zafiro.
17 El oro no se
le igualará, ni el diamante, Ni se cambiará por alhajas de oro fino.
18 No se hará
mención de coral ni de perlas; La sabiduría es mejor que las piedras
preciosas.
19 No se
igualará con ella topacio de Etiopía; No se podrá apreciar con oro
fino.
20 ¿De dónde,
pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la
inteligencia?
21 Porque
encubierta está a los ojos de todo viviente, Y a toda ave del cielo
es oculta.
22 El Abadón y
la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.
23 Dios entiende
el camino de ella, Y conoce su lugar.
24 Porque él
mira hasta los fines de la tierra, Y ve cuanto hay bajo los cielos.
25 Al dar peso
al viento, Y poner las aguas por medida;
26 Cuando él dio
ley a la lluvia, Y camino al relámpago de los truenos,
27 Entonces la
veía él, y la manifestaba; La preparó y la descubrió también.
28 Y dijo al
hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el
apartarse del mal, la inteligencia.
Job
Capítulo 29
1
Volvió Job a reanudar su discurso, y dijo:
2 ¡Quién me
volviese como en los meses pasados, Como en los días en que Dios me
guardaba,
3 Cuando hacía
resplandecer sobre mi cabeza su lámpara, A cuya luz yo caminaba en
la oscuridad;
4 Como fui en
los días de mi juventud, Cuando el favor de Dios velaba sobre mi
tienda;
5 Cuando aún
estaba conmigo el Omnipotente, Y mis hijos alrededor de mí;
6 Cuando lavaba
yo mis pasos con leche, Y la piedra me derramaba ríos de aceite!
7 Cuando yo
salía a la puerta a juicio, Y en la plaza hacía preparar mi asiento,
8 Los jóvenes me
veían, y se escondían; Y los ancianos se levantaban, y estaban de
pie.
9 Los príncipes
detenían sus palabras; Ponían la mano sobre su boca.
10 La voz de los
principales se apagaba, Y su lengua se pegaba a su paladar.
11 Los oídos que
me oían me llamaban bienaventurado, Y los ojos que me veían me daban
testimonio,
12 Porque yo
libraba al pobre que clamaba, Y al huérfano que carecía de ayudador.
13 La bendición
del que se iba a perder venía sobre mí, Y al corazón de la viuda yo
daba alegría.
14 Me vestía de
justicia, y ella me cubría; Como manto y diadema era mi rectitud.
15 Yo era ojos
al ciego, Y pies al cojo.
16 A los
menesterosos era padre, Y de la causa que no entendía, me informaba
con diligencia;
17 Y quebrantaba
los colmillos del inicuo, Y de sus dientes hacía soltar la presa.
18 Decía yo: En
mi nido moriré, Y como arena multiplicaré mis días.
19 Mi raíz
estaba abierta junto a las aguas, Y en mis ramas permanecía el
rocío.
20 Mi honra se
renovaba en mí, Y mi arco se fortalecía en mi mano.
21 Me oían, y
esperaban, Y callaban a mi consejo.
22 Tras mi
palabra no replicaban, Y mi razón destilaba sobre ellos.
23 Me esperaban
como a la lluvia, Y abrían su boca como a la lluvia tardía.
24 Si me reía
con ellos, no lo creían; Y no abatían la luz de mi rostro.
25 Calificaba yo
el camino de ellos, y me sentaba entre ellos como el jefe; Y moraba
como rey en el ejército, Como el que consuela a los que lloran.
Job
Capítulo 30
1
Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, A cuyos padres yo
desdeñara poner con los perros de mi ganado.
2 ¿Y de qué me
serviría ni aun la fuerza de sus manos? No tienen fuerza alguna.
3 Por causa de
la pobreza y del hambre andaban solos; Huían a la soledad, a lugar
tenebroso, asolado y desierto.
4 Recogían
malvas entre los arbustos, Y raíces de enebro para calentarse.
5 Eran arrojados
de entre las gentes, Y todos les daban grita como tras el ladrón.
6 Habitaban en
las barrancas de los arroyos, En las cavernas de la tierra, y en las
rocas.
7 Bramaban entre
las matas, Y se reunían debajo de los espinos.
8 Hijos de
viles, y hombres sin nombre, Más bajos que la misma tierra.
9 Y ahora yo soy
objeto de su burla, Y les sirvo de refrán.
10 Me abominan,
se alejan de mí, Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.
11 Porque Dios
desató su cuerda, y me afligió, Por eso se desenfrenaron delante de
mi rostro.
12 A la mano
derecha se levantó el populacho; Empujaron mis pies, Y prepararon
contra mí caminos de perdición.
13 Mi senda
desbarataron, Se aprovecharon de mi quebrantamiento, Y contra ellos
no hubo ayudador.
14 Vinieron como
por portillo ancho, Se revolvieron sobre mi calamidad.
15 Se han
revuelto turbaciones sobre mí; Combatieron como viento mi honor, Y
mi prosperidad pasó como nube.
16 Y ahora mi
alma está derramada en mí; Días de aflicción se apoderan de mí.
17 La noche
taladra mis huesos, Y los dolores que me roen no reposan.
18 La violencia
deforma mi vestidura; me ciñe como el cuello de mi túnica.
19 El me derribó
en el lodo, Y soy semejante al polvo y a la ceniza.
20 Clamo a ti, y
no me oyes; Me presento, y no me atiendes.
21 Te has vuelto
cruel para mí; Con el poder de tu mano me persigues.
22 Me alzaste
sobre el viento, me hiciste cabalgar en él, Y disolviste mi
sustancia.
23 Porque yo sé
que me conduces a la muerte, Y a la casa determinada a todo
viviente.
24 Mas él no
extenderá la mano contra el sepulcro; ¿Clamarán los sepultados
cuando él los quebrantare?
25 ¿No lloré yo
al afligido? Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso?
26 Cuando
esperaba yo el bien, entonces vino el mal; Y cuando esperaba luz,
vino la oscuridad.
27 Mis entrañas
se agitan, y no reposan; Días de aflicción me han sobrecogido.
28 Ando
ennegrecido, y no por el sol; Me he levantado en la congregación, y
clamado.
29 He venido a
ser hermano de chacales, Y compañero de avestruces.
30 Mi piel se ha
ennegrecido y se me cae, Y mis huesos arden de calor.
31 Se ha
cambiado mi arpa en luto, Y mi flauta en voz de lamentadores.
Job
Capítulo 31
1
Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una
virgen?
2 Porque ¿qué
galardón me daría de arriba Dios, Y qué heredad el Omnipotente desde
las alturas?
3 ¿No hay
quebrantamiento para el impío, Y extrañamiento para los que hacen
iniquidad?
4 ¿No ve él mis
caminos, Y cuenta todos mis pasos?
5 Si anduve con
mentira, Y si mi pie se apresuró a engaño,
6 Péseme Dios en
balanzas de justicia, Y conocerá mi integridad.
7 Si mis pasos
se apartaron del camino, Si mi corazón se fue tras mis ojos, Y si
algo se pegó a mis manos,
8 Siembre yo, y
otro coma, Y sea arrancada mi siembra.
9 Si fue mi
corazón engañado acerca de mujer, Y si estuve acechando a la puerta
de mi prójimo,
10 Muela para
otro mi mujer, Y sobre ella otros se encorven.
11 Porque es
maldad e iniquidad Que han de castigar los jueces.
12 Porque es
fuego que devoraría hasta el Abadón, Y consumiría toda mi hacienda.
13 Si hubiera
tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, Cuando ellos
contendían conmigo,
14 ¿Qué haría yo
cuando Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le
respondería yo?
15 El que en el
vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo
en la matriz?
16 Si estorbé el
contento de los pobres, E hice desfallecer los ojos de la viuda;
17 Si comí mi
bocado solo, Y no comió de él el huérfano
18 (Porque desde
mi juventud creció conmigo como con un padre, Y desde el vientre de
mi madre fui guía de la viuda);
19 Si he visto
que pereciera alguno sin vestido, Y al menesteroso sin abrigo;
20 Si no me
bendijeron sus lomos, Y del vellón de mis ovejas se calentaron;
21 Si alcé
contra el huérfano mi mano, Aunque viese que me ayudaran en la
puerta;
22 Mi espalda se
caiga de mi hombro, Y el hueso de mi brazo sea quebrado.
23 Porque temí
el castigo de Dios, Contra cuya majestad yo no tendría poder.
24 Si puse en el
oro mi esperanza, Y dije al oro: Mi confianza eres tú;
25 Si me alegré
de que mis riquezas se multiplicasen, Y de que mi mano hallase
mucho;
26 Si he mirado
al sol cuando resplandecía, O a la luna cuando iba hermosa,
27 Y mi corazón
se engañó en secreto, Y mi boca besó mi mano;
28 Esto también
sería maldad juzgada; Porque habría negado al Dios soberano.
29 Si me alegré
en el quebrantamiento del que me aborrecía, Y me regocijé cuando le
halló el mal
30 (Ni aun
entregué al pecado mi lengua, Pidiendo maldición para su alma);
31 Si mis
siervos no decían: ¿Quién no se ha saciado de su carne?
32 (El forastero
no pasaba fuera la noche; Mis puertas abría al caminante);
33 Si encubrí
como hombre mis transgresiones, Escondiendo en mi seno mi iniquidad,
34 Porque tuve
temor de la gran multitud, Y el menosprecio de las familias me
atemorizó, Y callé, y no salí de mi puerta;
35 ¡Quién me
diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente
testificará por mí, Aunque mi adversario me forme proceso.
36 Ciertamente
yo lo llevaría sobre mi hombro, Y me lo ceñiría como una corona.
37 Yo le
contaría el número de mis pasos, Y como príncipe me presentaría ante
él.
38 Si mi tierra
clama contra mí, Y lloran todos sus surcos;
39 Si comí su
sustancia sin dinero, O afligí el alma de sus dueños,
40 En lugar de
trigo me nazcan abrojos, Y espinos en lugar de cebada.
Aquí terminan las palabras de Job.
Job
Capítulo 32
1
Cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era
justo a sus propios ojos.
2 Entonces Eliú
hijo de Baraquel buzita, de la familia de Ram, se encendió en ira
contra Job; se encendió en ira, por cuanto se justificaba a sí mismo
más que a Dios.
3 Asimismo se
encendió en ira contra sus tres amigos, porque no hallaban qué
responder, aunque habían condenado a Job.
4 Y Eliú había
esperado a Job en la disputa, porque los otros eran más viejos que
él.
5 Pero viendo
Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, se
encendió en ira.
6 Y respondió
Eliú hijo de Baraquel buzita, y dijo: Yo soy joven, y vosotros
ancianos; Por tanto, he tenido miedo, y he temido declararos mi
opinión.
7 Yo decía: Los
días hablarán, Y la muchedumbre de años declarará sabiduría.
8 Ciertamente
espíritu hay en el hombre, Y el soplo del Omnipotente le hace que
entienda.
9 No son los
sabios los de mucha edad, Ni los ancianos entienden el derecho.
10 Por tanto, yo
dije: Escuchadme; Declararé yo también mi sabiduría.
11 He aquí yo he
esperado a vuestras razones, He escuchado vuestros argumentos, En
tanto que buscabais palabras.
12 Os he
prestado atención, Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya
a Job, Y responda a sus razones.
13 Para que no
digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría; Lo vence Dios, no el
hombre.
14 Ahora bien,
Job no dirigió contra mí sus palabras, Ni yo le responderé con
vuestras razones.
15 Se
espantaron, no respondieron más; Se les fueron los razonamientos.
16 Yo, pues, he
esperado, pero no hablaban; Más bien callaron y no respondieron más.
17 Por eso yo
también responderé mi parte; También yo declararé mi juicio.
18 Porque lleno
estoy de palabras, Y me apremia el espíritu dentro de mí.
19 De cierto mi
corazón está como el vino que no tiene respiradero, Y se rompe como
odres nuevos.
20 Hablaré,
pues, y respiraré; Abriré mis labios, y responderé.
21 No haré ahora
acepción de personas, Ni usaré con nadie de títulos lisonjeros.
22 Porque no sé
hablar lisonjas; De otra manera, en breve mi Hacedor me consumiría.
Job
Capítulo 33
1
Por tanto, Job, oye ahora mis razones, Y escucha todas mis palabras.
2 He aquí yo
abriré ahora mi boca, Y mi lengua hablará en mi garganta.
3 Mis razones
declararán la rectitud de mi corazón, Y lo que saben mis labios, lo
hablarán con sinceridad.
4 El espíritu de
Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.
5 Respóndeme si
puedes; Ordena tus palabras, ponte en pie.
6 Heme aquí a mí
en lugar de Dios, conforme a tu dicho; De barro fui yo también
formado.
7 He aquí, mi
terror no te espantará, Ni mi mano se agravará sobre ti.
8 De cierto tú
dijiste a oídos míos, Y yo oí la voz de tus palabras que decían:
9 Yo soy limpio
y sin defecto; Soy inocente, y no hay maldad en mí.
10 He aquí que
él buscó reproches contra mí, Y me tiene por su enemigo;
11 Puso mis pies
en el cepo, Y vigiló todas mis sendas.
12 He aquí, en
esto no has hablado justamente; Yo te responderé que mayor es Dios
que el hombre.
13 ¿Por qué
contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus
razones.
14 Sin embargo,
en una o en dos maneras habla Dios; Pero el hombre no entiende.
15 Por sueño, en
visión nocturna, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Cuando se
adormecen sobre el lecho,
16 Entonces
revela al oído de los hombres, Y les señala su consejo,
17 Para quitar
al hombre de su obra, Y apartar del varón la soberbia.
18 Detendrá su
alma del sepulcro, Y su vida de que perezca a espada.
19 También sobre
su cama es castigado Con dolor fuerte en todos sus huesos,
20 Que le hace
que su vida aborrezca el pan, Y su alma la comida suave.
21 Su carne
desfallece, de manera que no se ve, Y sus huesos, que antes no se
veían, aparecen.
22 Su alma se
acerca al sepulcro, Y su vida a los que causan la muerte.
23 Si tuviese
cerca de él Algún elocuente mediador muy escogido, Que anuncie al
hombre su deber;
24 Que le diga
que Dios tuvo de él misericordia, Que lo libró de descender al
sepulcro, Que halló redención;
25 Su carne será
más tierna que la del niño, Volverá a los días de su juventud.
26 Orará a Dios,
y éste le amará, Y verá su faz con júbilo; Y restaurará al hombre su
justicia.
27 El mira sobre
los hombres; y al que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, Y no me ha
aprovechado,
28 Dios redimirá
su alma para que no pase al sepulcro, Y su vida se verá en luz.
29 He aquí,
todas estas cosas hace Dios Dos y tres veces con el hombre,
30 Para apartar
su alma del sepulcro, Y para iluminarlo con la luz de los vivientes.
31 Escucha, Job,
y óyeme; Calla, y yo hablaré.
32 Si tienes
razones, respóndeme; Habla, porque yo te quiero justificar.
33 Y si no,
óyeme tú a mí; Calla, y te enseñaré sabiduría.
Job
Capítulo 34
1
Además Eliú dijo:
2 Oíd, sabios,
mis palabras; Y vosotros, doctos, estadme atentos.
3 Porque el oído
prueba las palabras, Como el paladar gusta lo que uno come.
4 Escojamos para
nosotros el juicio, Conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno.
5 Porque Job ha
dicho: Yo soy justo, Y Dios me ha quitado mi derecho.
6 ¿He de mentir
yo contra mi razón? Dolorosa es mi herida sin haber hecho yo
transgresión.
7 ¿Qué hombre
hay como Job, Que bebe el escarnio como agua,
8 Y va en
compañía con los que hacen iniquidad, Y anda con los hombres malos?
9 Porque ha
dicho: De nada servirá al hombre El conformar su voluntad a Dios.
10 Por tanto,
varones de inteligencia, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, Y
del Omnipotente la iniquidad.
11 Porque él
pagará al hombre según su obra, Y le retribuirá conforme a su
camino.
12 Sí, por
cierto, Dios no hará injusticia, Y el Omnipotente no pervertirá el
derecho.
13 ¿Quién visitó
por él la tierra? ¿Y quién puso en orden todo el mundo?
14 Si él pusiese
sobre el hombre su corazón, Y recogiese así su espíritu y su
aliento,
15 Toda carne
perecería juntamente, Y el hombre volvería al polvo.
16 Si, pues, hay
en ti entendimiento, oye esto; Escucha la voz de mis palabras.
17 ¿Gobernará el
que aborrece juicio? ¿Y condenarás tú al que es tan justo?
18 ¿Se dirá al
rey: Perverso; Y a los príncipes: Impíos?
19 ¿Cuánto menos
a aquel que no hace acepción de personas de príncipes. Ni respeta
más al rico que al pobre, Porque todos son obra de sus manos?
20 En un momento
morirán, Y a medianoche se alborotarán los pueblos, y pasarán, Y sin
mano será quitado el poderoso.
21 Porque sus
ojos están sobre los caminos del hombre, Y ve todos sus pasos.
22 No hay
tinieblas ni sombra de muerte Donde se escondan los que hacen
maldad.
23 No carga,
pues, él al hombre más de lo justo, Para que vaya con Dios a juicio.
24 El
quebrantará a los fuertes sin indagación, Y hará estar a otros en su
lugar.
25 Por tanto, él
hará notorias las obras de ellos, Cuando los trastorne en la noche,
y sean quebrantados.
26 Como a malos
los herirá En lugar donde sean vistos;
27 Por cuanto
así se apartaron de él, Y no consideraron ninguno de sus caminos,
28 Haciendo
venir delante de él el clamor del pobre, Y que oiga el clamor de los
necesitados.
29 Si él diere
reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién lo
mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;
30 Haciendo que
no reine el hombre impío Para vejaciones del pueblo.
31 De seguro
conviene que se diga a Dios: He llevado ya castigo, no ofenderé ya
más;
32 Enséñame tú
lo que yo no veo; Si hice mal, no lo haré más.
33 ¿Ha de ser
eso según tu parecer? El te retribuirá, ora rehúses, ora aceptes, y
no yo; Di, si no, lo que tú sabes.
34 Los hombres
inteligentes dirán conmigo, Y el hombre sabio que me oiga:
35 Que Job no
habla con sabiduría, Y que sus palabras no son con entendimiento.
36 Deseo yo que
Job sea probado ampliamente, A causa de sus respuestas semejantes a
las de los hombres inicuos.
37 Porque a su
pecado añadió rebeldía; Bate palmas contra nosotros, Y contra Dios
multiplica sus palabras.
Job
Capítulo 35
1
Prosiguió Eliú en su razonamiento, y dijo:
2 ¿Piensas que
es cosa recta lo que has dicho: Más justo soy yo que Dios?
3 Porque
dijiste: ¿Qué ventaja sacaré de ello? ¿O qué provecho tendré de no
haber pecado?
4 Yo te
responderé razones, Y a tus compañeros contigo.
5 Mira a los
cielos, y ve, Y considera que las nubes son más altas que tú.
6 Si pecares,
¿qué habrás logrado contra él? Y si tus rebeliones se multiplicaren,
¿qué le harás tú?
7 Si fueres
justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano?
8 Al hombre como
tú dañará tu impiedad, Y al hijo de hombre aprovechará tu justicia.
9 A causa de la
multitud de las violencias claman, Y se lamentan por el poderío de
los grandes.
10 Y ninguno
dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que da cánticos en la noche,
11 Que nos
enseña más que a las bestias de la tierra, Y nos hace sabios más que
a las aves del cielo?
12 Allí
clamarán, y él no oirá, Por la soberbia de los malos.
13 Ciertamente
Dios no oirá la vanidad, Ni la mirará el Omnipotente.
14 ¿Cuánto menos
cuando dices que no haces caso de él? La causa está delante de él;
por tanto, aguárdale.
15 Mas ahora,
porque en su ira no castiga, Ni inquiere con rigor,
16 Por eso Job
abre su boca vanamente, Y multiplica palabras sin sabiduría.
Job
Capítulo 36
1
Añadió Eliú y dijo:
2 Espérame un
poco, y te enseñaré; Porque todavía tengo razones en defensa de
Dios.
3 Tomaré mi
saber desde lejos, Y atribuiré justicia a mi Hacedor.
4 Porque de
cierto no son mentira mis palabras; Contigo está el que es íntegro
en sus conceptos.
5 He aquí que
Dios es grande, pero no desestima a nadie; Es poderoso en fuerza de
sabiduría.
6 No otorgará
vida al impío, Pero a los afligidos dará su derecho.
7 No apartará de
los justos sus ojos; Antes bien con los reyes los pondrá en trono
para siempre, Y serán exaltados.
8 Y si
estuvieren prendidos en grillos, Y aprisionados en las cuerdas de
aflicción,
9 El les dará a
conocer la obra de ellos, Y que prevalecieron sus rebeliones.
10 Despierta
además el oído de ellos para la corrección, Y les dice que se
conviertan de la iniquidad.
11 Si oyeren, y
le sirvieren, Acabarán sus días en bienestar, Y sus años en dicha.
12 Pero si no
oyeren, serán pasados a espada, Y perecerán sin sabiduría.
13 Mas los
hipócritas de corazón atesoran para sí la ira, Y no clamarán cuando
él los atare.
14 Fallecerá el
alma de ellos en su juventud, Y su vida entre los sodomitas.
15 Al pobre
librará de su pobreza, Y en la aflicción despertará su oído.
16 Asimismo te
apartará de la boca de la angustia A lugar espacioso, libre de todo
apuro, Y te preparará mesa llena de grosura.
17 Mas tú has
llenado el juicio del impío, En vez de sustentar el juicio y la
justicia.
18 Por lo cual
teme, no sea que en su ira te quite con golpe, El cual no puedas
apartar de ti con gran rescate.
19 ¿Hará él
estima de tus riquezas, del oro, O de todas las fuerzas del poder?
20 No anheles la
noche, En que los pueblos desaparecen de su lugar.
21 Guárdate, no
te vuelvas a la iniquidad; Pues ésta escogiste más bien que la
aflicción.
22 He aquí que
Dios es excelso en su poder; ¿Qué enseñador semejante a él?
23 ¿Quién le ha
prescrito su camino? ¿Y quién le dirá: Has hecho mal?
24 Acuérdate de
engrandecer su obra, La cual contemplan los hombres.
25 Los hombres
todos la ven; La mira el hombre de lejos.
26 He aquí, Dios
es grande, y nosotros no le conocemos, Ni se puede seguir la huella
de sus años.
27 El atrae las
gotas de las aguas, Al transformarse el vapor en lluvia,
28 La cual
destilan las nubes, Goteando en abundancia sobre los hombres.
29 ¿Quién podrá
comprender la extensión de las nubes, Y el sonido estrepitoso de su
morada?
30 He aquí que
sobre él extiende su luz, Y cobija con ella las profundidades del
mar.
31 Bien que por
esos medios castiga a los pueblos, A la multitud él da sustento.
32 Con las nubes
encubre la luz, Y le manda no brillar, interponiendo aquéllas.
33 El trueno
declara su indignación, Y la tempestad proclama su ira contra la
iniquidad.
Job
Capítulo 37
1
Por eso también se estremece mi corazón, Y salta de su lugar.
2 Oíd
atentamente el estrépito de su voz, Y el sonido que sale de su boca.
3 Debajo de
todos los cielos lo dirige, Y su luz hasta los fines de la tierra.
4 Después de
ella brama el sonido, Truena él con voz majestuosa; Y aunque sea
oída su voz, no los detiene.
5 Truena Dios
maravillosamente con su voz; El hace grandes cosas, que nosotros no
entendemos.
6 Porque a la
nieve dice: Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los
aguaceros torrenciales.
7 Así hace
retirarse a todo hombre, Para que los hombres todos reconozcan su
obra.
8 Las bestias
entran en su escondrijo, Y se están en sus moradas.
9 Del sur viene
el torbellino, Y el frío de los vientos del norte.
10 Por el soplo
de Dios se da el hielo, Y las anchas aguas se congelan.
11 Regando
también llega a disipar la densa nube, Y con su luz esparce la
niebla.
12 Asimismo por
sus designios se revuelven las nubes en derredor, Para hacer sobre
la faz del mundo, En la tierra, lo que él les mande.
13 Unas veces
por azote, otras por causa de su tierra, Otras por misericordia las
hará venir.
14 Escucha esto,
Job; Detente, y considera las maravillas de Dios.
15 ¿Sabes tú
cómo Dios las pone en concierto, Y hace resplandecer la luz de su
nube?
16 ¿Has conocido
tú las diferencias de las nubes, Las maravillas del Perfecto en
sabiduría?
17 ¿Por qué
están calientes tus vestidos Cuando él sosiega la tierra con el
viento del sur?
18 ¿Extendiste
tú con él los cielos, Firmes como un espejo fundido?
19 Muéstranos
qué le hemos de decir; Porque nosotros no podemos ordenar las ideas
a causa de las tinieblas.
20 ¿Será preciso
contarle cuando yo hablare? Por más que el hombre razone, quedará
como abismado.
21 Mas ahora ya
no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, Luego que pasa
el viento y los limpia,
22 Viniendo de
la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad
terrible.
23 El es
Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; Y en juicio y
en multitud de justicia no afligirá.
24 Lo temerán
por tanto los hombres; El no estima a ninguno que cree en su propio
corazón ser sabio.
Job
Capítulo 38
1
Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo:
2 ¿Quién es ése
que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría?
3 Ahora ciñe
como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás.
4 ¿Dónde estabas
tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes
inteligencia.
5 ¿Quién ordenó
sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?
6 ¿Sobre qué
están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular,
7 Cuando
alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los
hijos de Dios?
8 ¿Quién encerró
con puertas el mar, Cuando se derramaba saliéndose de su seno,
9 Cuando puse yo
nubes por vestidura suya, Y por su faja oscuridad,
10 Y establecí
sobre él mi decreto, Le puse puertas y cerrojo,
11 Y dije: Hasta
aquí llegarás, y no pasarás adelante, Y ahí parará el orgullo de tus
olas?
12 ¿Has mandado
tú a la mañana en tus días? ¿Has mostrado al alba su lugar,
13 Para que
ocupe los fines de la tierra, Y para que sean sacudidos de ella los
impíos?
14 Ella muda
luego de aspecto como barro bajo el sello, Y viene a estar como con
vestidura;
15 Mas la luz de
los impíos es quitada de ellos, Y el brazo enaltecido es
quebrantado.
16 ¿Has entrado
tú hasta las fuentes del mar, Y has andado escudriñando el abismo?
17 ¿Te han sido
descubiertas las puertas de la muerte, Y has visto las puertas de la
sombra de muerte?
18 ¿Has
considerado tú hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes
todo esto.
19 ¿Por dónde va
el camino a la habitación de la luz, Y dónde está el lugar de las
tinieblas,
20 Para que las
lleves a sus límites, Y entiendas las sendas de su casa?
21 ¡Tú lo sabes!
Pues entonces ya habías nacido, Y es grande el número de tus días.
22 ¿Has entrado
tú en los tesoros de la nieve, O has visto los tesoros del granizo,
23 Que tengo
reservados para el tiempo de angustia, Para el día de la guerra y de
la batalla?
24 ¿Por qué
camino se reparte la luz, Y se esparce el viento solano sobre la
tierra?
25 ¿Quién
repartió conducto al turbión, Y camino a los relámpagos y truenos,
26 Haciendo
llover sobre la tierra deshabitada, Sobre el desierto, donde no hay
hombre,
27 Para saciar
la tierra desierta e inculta, Y para hacer brotar la tierna hierba?
28 ¿Tiene la
lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?
29 ¿De qué
vientre salió el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?
30 Las aguas se
endurecen a manera de piedra, Y se congela la faz del abismo.
31 ¿Podrás tú
atar los lazos de las Pléyades, O desatarás las ligaduras de Orión?
32 ¿Sacarás tú a
su tiempo las constelaciones de los cielos, O guiarás a la Osa Mayor
con sus hijos?
33 ¿Supiste tú
las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la
tierra?
34 ¿Alzarás tú a
las nubes tu voz, Para que te cubra muchedumbre de aguas?
35 ¿Enviarás tú
los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos: Henos aquí?
36 ¿Quién puso
la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia?
37 ¿Quién puso
por cuenta los cielos con sabiduría? Y los odres de los cielos,
¿quién los hace inclinar,
38 Cuando el
polvo se ha convertido en dureza, Y los terrones se han pegado unos
con otros?
39 ¿Cazarás tú
la presa para el león? ¿Saciarás el hambre de los leoncillos,
40 Cuando están
echados en las cuevas, O se están en sus guaridas para acechar?
41 ¿Quién
prepara al cuervo su alimento, Cuando sus polluelos claman a Dios, Y
andan errantes por falta de comida?
Job
Capítulo 39
1
¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú
las ciervas cuando están pariendo?
2 ¿Contaste tú
los meses de su preñez, Y sabes el tiempo cuando han de parir?
3 Se encorvan,
hacen salir sus hijos, Pasan sus dolores.
4 Sus hijos se
fortalecen, crecen con el pasto; Salen, y no vuelven a ellas.
5 ¿Quién echó
libre al asno montés, Y quién soltó sus ataduras?
6 Al cual yo
puse casa en la soledad, Y sus moradas en lugares estériles.
7 Se burla de la
multitud de la ciudad; No oye las voces del arriero.
8 Lo oculto de
los montes es su pasto, Y anda buscando toda cosa verde.
9 ¿Querrá el
búfalo servirte a ti, O quedar en tu pesebre?
10 ¿Atarás tú al
búfalo con coyunda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti?
11 ¿Confiarás tú
en él, por ser grande su fuerza, Y le fiarás tu labor?
12 ¿Fiarás de él
para que recoja tu semilla, Y la junte en tu era?
13 ¿Diste tú
hermosas alas al pavo real, O alas y plumas al avestruz?
14 El cual
desampara en la tierra sus huevos, Y sobre el polvo los calienta,
15 Y olvida que
el pie los puede pisar, Y que puede quebrarlos la bestia del campo.
16 Se endurece
para con sus hijos, como si no fuesen suyos, No temiendo que su
trabajo haya sido en vano;
17 Porque le
privó Dios de sabiduría, Y no le dio inteligencia.
18 Luego que se
levanta en alto, Se burla del caballo y de su jinete.
19 ¿Diste tú al
caballo la fuerza? ¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes?
20 ¿Le
intimidarás tú como a langosta? El resoplido de su nariz es
formidable.
21 Escarba la
tierra, se alegra en su fuerza, Sale al encuentro de las armas;
22 Hace burla
del espanto, y no teme, Ni vuelve el rostro delante de la espada.
23 Contra él
suenan la aljaba, El hierro de la lanza y de la jabalina;
24 Y él con
ímpetu y furor escarba la tierra, Sin importarle el sonido de la
trompeta;
25 Antes como
que dice entre los clarines: ¡Ea! Y desde lejos huele la batalla, El
grito de los capitanes, y el vocerío.
26 ¿Vuela el
gavilán por tu sabiduría, Y extiende hacia el sur sus alas?
27 ¿Se remonta
el águila por tu mandamiento, Y pone en alto su nido?
28 Ella habita y
mora en la peña, En la cumbre del peñasco y de la roca.
29 Desde allí
acecha la presa; Sus ojos observan de muy lejos.
30 Sus polluelos
chupan la sangre; Y donde hubiere cadáveres, allí está ella.
Job
Capítulo 40
1
Además respondió Jehová a Job, y dijo:
2 ¿Es sabiduría
contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a
esto.
3 Entonces
respondió Job a Jehová, y dijo:
4 He aquí que yo
soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.
5 Una vez hablé,
mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar.
6 Respondió
Jehová a Job desde el torbellino, y dijo:
7 Cíñete ahora
como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás.
8 ¿Invalidarás
tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?
9 ¿Tienes tú un
brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya?
10 Adórnate
ahora de majestad y de alteza, Y vístete de honra y de hermosura.
11 Derrama el
ardor de tu ira; Mira a todo altivo, y abátelo.
12 Mira a todo
soberbio, y humíllalo, Y quebranta a los impíos en su sitio.
13 Encúbrelos a
todos en el polvo, Encierra sus rostros en la oscuridad;
14 Y yo también
te confesaré Que podrá salvarte tu diestra.
15 He aquí ahora
behemot, el cual hice como a ti; Hierba come como buey.
16 He aquí ahora
que su fuerza está en sus lomos, Y su vigor en los músculos de su
vientre.
17 Su cola mueve
como un cedro, Y los nervios de sus muslos están entretejidos.
18 Sus huesos
son fuertes como bronce, Y sus miembros como barras de hierro.
19 El es el
principio de los caminos de Dios; El que lo hizo, puede hacer que su
espada a él se acerque.
20 Ciertamente
los montes producen hierba para él; Y toda bestia del campo retoza
allá.
21 Se echará
debajo de las sombras, En lo oculto de las cañas y de los lugares
húmedos.
22 Los árboles
sombríos lo cubren con su sombra; Los sauces del arroyo lo rodean.
23 He aquí, sale
de madre el río, pero él no se inmuta; Tranquilo está, aunque todo
un Jordán se estrelle contra su boca.
24 ¿Lo tomará
alguno cuando está vigilante, Y horadará su nariz?
Job
Capítulo 41
1
¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, O con cuerda que le eches en su
lengua?
2 ¿Pondrás tú
soga en sus narices, Y horadarás con garfio su quijada?
3 ¿Multiplicará
él ruegos para contigo? ¿Te hablará él lisonjas?
4 ¿Hará pacto
contigo Para que lo tomes por siervo perpetuo?
5 ¿Jugarás con
él como con pájaro, O lo atarás para tus niñas?
6 ¿Harán de él
banquete los compañeros? ¿Lo repartirán entre los mercaderes?
7 ¿Cortarás tú
con cuchillo su piel, O con arpón de pescadores su cabeza?
8 Pon tu mano
sobre él; Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás.
9 He aquí que la
esperanza acerca de él será burlada, Porque aun a su sola vista se
desmayarán.
10 Nadie hay tan
osado que lo despierte; ¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?
11 ¿Quién me ha
dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del
cielo es mío.
12 No guardaré
silencio sobre sus miembros, Ni sobre sus fuerzas y la gracia de su
disposición.
13 ¿Quién
descubrirá la delantera de su vestidura? ¿Quién se acercará a él con
su freno doble?
14 ¿Quién abrirá
las puertas de su rostro? Las hileras de sus dientes espantan.
15 La gloria de
su vestido son escudos fuertes, Cerrados entre sí estrechamente.
16 El uno se
junta con el otro, Que viento no entra entre ellos.
17 Pegado está
el uno con el otro; Están trabados entre sí, que no se pueden
apartar.
18 Con sus
estornudos enciende lumbre, Y sus ojos son como los párpados del
alba.
19 De su boca
salen hachones de fuego; Centellas de fuego proceden.
20 De sus
narices sale humo, Como de una olla o caldero que hierve.
21 Su aliento
enciende los carbones, Y de su boca sale llama.
22 En su cerviz
está la fuerza, Y delante de él se esparce el desaliento.
23 Las partes
más flojas de su carne están endurecidas; Están en él firmes, y no
se mueven.
24 Su corazón es
firme como una piedra, Y fuerte como la muela de abajo.
25 De su
grandeza tienen temor los fuertes, Y a causa de su desfallecimiento
hacen por purificarse.
26 Cuando alguno
lo alcanzare, Ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará.
27 Estima como
paja el hierro, Y el bronce como leño podrido.
28 Saeta no le
hace huir; Las piedras de honda le son como paja.
29 Tiene toda
arma por hojarasca, Y del blandir de la jabalina se burla.
30 Por debajo
tiene agudas conchas; Imprime su agudez en el suelo.
31 Hace hervir
como una olla el mar profundo, Y lo vuelve como una olla de
ung:uento.
32 En pos de sí
hace resplandecer la senda, Que parece que el abismo es cano.
33 No hay sobre
la tierra quien se le parezca; Animal hecho exento de temor.
34 Menosprecia
toda cosa alta; Es rey sobre todos los soberbios.
Job
Capítulo 42
1
Respondió Job a Jehová, y dijo:
2 Yo conozco que
todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.
3 ¿Quién es el
que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo
que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no
comprendía.
4 Oye, te ruego,
y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás.
5 De oídas te
había oído; Mas ahora mis ojos te ven.
6 Por tanto me
aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza.
7 Y aconteció
que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a
Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros;
porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.
8 Ahora, pues,
tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y
ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros;
porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por
cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job.
9 Fueron, pues,
Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como
Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job.
10 Y quitó
Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y
aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.
11 Y vinieron a
él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le
habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron
de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído
sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo
de oro.
12 Y bendijo
Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo
catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil
asnas,
13 y tuvo siete
hijos y tres hijas.
14 Llamó el
nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la
tercera, Keren-hapuc.
15 Y no había
mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les
dio su padre herencia entre sus hermanos.
16 Después de
esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los
hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.
17 Y murió Job
viejo y lleno de días. |